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viernes, 24 de noviembre de 2006

Desde Armando Tejada Gómez

A veces, las voces de otros ( en mi caso casi siempre) superan lo que uno quisiera decir...
Una vez más me sucedió cuando Erardo me dijo: éste señora, ¿Le parece? Señalándome el poema De Armando Tejada Gómez....

-Hojeando libros con mis alumnos de la escuela nocturna..., libros que les entrego para que se familiaricen con su olor,con la suavidad de las tapas, las formas de sus figuras e imágenes, la rudeza de sus hojas de edición barata, la variedad de títulos y temas. Les doy un tiempo para que lo hagan mientras les pido que elijan alguno al azar guiados por lo que sea en la elección, luego vendrá la lectura silenciosa, y después la charla que los llevará a descubrir modalidades, recursos, historias de autores, otras realidades o la propia dicha de otro modo...-

Reproduzco aquí el poema, el que cada vez que leo, me obliga a redoblar esfuerzos para acciones que debieran hacerse en los ámbitos de gobierno, pero que no suceden. No suceden, hermanos....





Hay un niño en la calle


A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.

Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba
con las primeras luces de mi sangre, vendiendo
un oscura vergüenza, la historia, el tiempo,
diarios,
porque es cuando recuerdo también las presidencias,
urgentes abogados, conservadores, asco,
cuando subo a la vida juntando la inocencia,
mi niñez triturada por escasos centavos,
por la cantidad mínima de pagar la estadía
como un vagón de carga
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre:
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos y tesoros
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Dónde andarán los niños que venian conmigo
ganándose la vida por los cuatro costados,
porque en este camino de lo hostíl ferozmente

cayó el Toto de frente con su poquita sangre,
con sus ropas de fé, su dolor a pedazos
y ahora necesito saber cuáles sonríen
mi canción necesita saber si se han salvado,
porque sino es inutil mi juventud de música
y ha de dolerme mucho la primavera este año.

Importan dos maneras de concebir el mundo,
Una, salvarse solo,
arrojar ciegamente los demás de la balsa
y la otra,
un destino de salvarse con todos,
comprometer la vida hasta el último náufrago,
no dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Exactamente ahora, si llueve en las ciudades,
si desciende la niebla como un sapo del aire
y el viento no es ninguna canción en las ventanas,
no debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada,
no debe andar la vida, recién nacida, a precio,
la niñez, arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son dos fardos inútiles
y el corazón, apenas una mala palabra.

Cuando uno anda en los pueblos del país
o va en trenes por su geografía de silencio,
la patria
sale a mirar al hombre con los niños desnudos
y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre
que historia les concierne, qué lugar en el mapa,
porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra



la espalda escandalosa de las grandes ciudades
nutriéndose de trigo, vides, cañaverales
donde el azúcar sube como un junco en el aire,
uno encuentra la gente, los jornales escasos,
una sorda tarea de madres con horarios
y padres silenciosos molidos en la fábricas,
hay días que uno andando de madrugada encuentra
la intemperie dormida con un niño en los brazos.

Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores
que en París han bebido
por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa
en donde han sorprendido la soledad de frente
y la índole triste del hombre solitario,
en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian
de amantes esta noche, de médico esta tarde,
porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo
y ellos son los accionistas de los niños descalzos.

Ellos han olvidado
que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños
que viven en la calle
y multitud de niños
que crecen en la calle.

A esta hora, exactamente,
hay un niño creciendo.

Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie proteje esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle...



A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.

Mi gratitud

Hola amigos:
Ya de regreso, vaya mi gratitud por tantos buenos deseos... Puedo asegurarles que hicieron su efecto.
Gracias nuevamente.
Poco a poco, iré visitándolos y dejando mis comentarios.
Los abrazo.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Dentro de unos días

Amigos:
estaré unos días ausente. Los voy a extrañar.... Y cuando regrese,iré leyendo sus textos... Todos los que adeude....
Hasta la vuelta!

viernes, 3 de noviembre de 2006

EN MANHATTAN o cualquier otra gran ciudad



No ser en la gigante nave de cemento. Ser nadie. Nada. Ser otro más desdibujado atravesando el vértigo de largas sierpes empachadas. Negar lo que se es. Quien se ha sido. Cero. Cero a la izquierda. Una vaguedad. Nido en el suelo. Zapatos sin pies. Desombrado ser. Nadie. Nada. O ser otro, en, con , el apuro de los otros. Urgencias descentradas. Futuro en controversia. Vacuidad gris estridente sin presente compartidos. No ayer; hoy,fugacidad total.



Fragilidad absoluta. Punto. De partida o de regreso. Punto. ¿Qué más da? Aprender la angustia del gigante, su respiración asmática y feroz, su voz opaca, transpirante... Las mil máscaras disfraces falsedades putas plásticas plantas artificiales comida chatarra juegos solitarios panes endurecidos residuos aristas nimiedades sirenas motores sálvese quien pueda dentro de sus fauces. Atravesar, entonces, a prisa, el tiempo y el espacio, apurándonos la salida el regreso para volver a ser en los días diáfanos de los que a veces huyo.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

DECIRTE ADIOS

HOMENAJE A MI MADRE
Basta recordarla dulce y firme, vital, tierna e implacable, con sus SIS siempre SÍ y sus NOS siempre NO.
Y agradecer a la vida por concedérmela.
Hablar de ella, no me alcanzaría la vida, tan llena de su presencia en mí, en mis hijos, en mis nietos.
Las fotografías me la recuerdan en diferentes momentos, con diferentes edades, con la silueta cambiante, y esa calidez y seguridad que me transmitía, a través de su mirada miel y su sonrisa plena de ternura, a veces matizada de complicidad.
Hoy ya no está en este mundo, como antes. Es una presencia intangible, más presente que nunca.
La lloré mucho, y me costó recuperarme hasta un tiempo no muy lejano, cuando acepté al fín que su ciclo había terminado.
Actualmente la revivo sin sufrimientos, con nostalgia, y agradecida por todo lo que me brindó.
Ella, mi madre, falleció hace cinco años, y deseo recordarla con este poema que continúa, que escribí durante su convalecencia:


DECIRTE ADIÓS

Alguien sancionó
mi desorientación:
vago mordimiento,

Instaló
anunciada angustia:
ir despidiéndote
vaya a saber
hasta cuál madrugada ...
Lo hizo ahora,
cuando de toda fortaleza,
te has convertido en suave pausa,
en prolongado ocio hospitalario,
sumida en el bochorno
del olor a enfermedad
y del impudor del cuarto compartido
gente que viene y se va.
No sé hasta dónde será tu cuándo.
Tampoco sé, a ciencia cierta,
si es tuya tu agonía,
o tan mía
que me exige
hacer inventario
de antiguas alegrías.

Custodio tu sueño;
tus latidos;
tus ritmos;
tus sudores
y extravíos;
tus ayes contenidos.

Tenues campanarios
golpean en mi alma
tañen preguntando
por nuestro paraíso
de fiestas y mimos
de abrazos y encuentros
... aquellos tantos gestos...

Quizás
en este penetrante silencio
_ ensimismada _
adviertas tu camino hacia la Paz.

Desde este mudo diálogo
que nos inunda el tiempo
me duele la mentira...
o,
la omisión ...
esta deslealtad mía
de no decirte
de tu próxima partida.

Lunas ojerosas
agigantan mi melancolía.
Me anticipan lágrimas.
Me descubren frágil
desde tu fragilidad postrera.

Es ésta la oportunidad
para juntar
la inmensa deuda
y confortarte
con la única
ínfima cuota
que pueda devolverte.


Esto es lo imperfecto de la vida:
ciclos predeterminados:
El adiós
y el desamparo



CORRIENTES, Argentina - 10/XI / 02