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lunes, 11 de mayo de 2009

Tramatrazo Mario Quinteros



Del tramatrazo al trazotrama (Por Diana Laura Caffaratti)

La obra de Mario, se presenta ya entramada, anticipando en el juego de palabras tutelares ese entretejido corpóreo que se puede observar y cuestionar desde diversos juegos semánticos. Mirándolo como un conjunto, o mirándolo como un continuo mosaico de realidades particulares que, sin embargo, tienen un rasgo coherente consigo mismo, con la secuencia anterior, y con la siguiente.

Si bien no puedo hablar técnicamente del despliegue y encadenamientos de trazos y tramas, puedo asegurar que resulta grato observar la obra expuesta por Mario Quinteros en el Centro Cultural Borges, en Buenos Aires.

Una instalación que cala profundamente. Hace pensar en evoluciones e involuciones, en laberintos, en cómo será su inquieto cerebro por dentro, y cómo trabaja el intelecto artístico. ..En orden y caos, en linealidad, en cimas y simas, en soledad y compañía.

Hasta podría decirse que cada secuencia tiene su propio sonido. Difícil explicarlo. Faltan las palabras, o surgen como tímidas aproximaciones: los trazos que afloran ante mis ojos causan sensaciones cinéticas y auditivas…Quizás las de su mano desplazándose sobre el papel, quizás las de su corazón palpitando a veces excitado y otras calmo...Tal vez, el contacto del grafito y los distintos pulsos necesarios para un trazo, dos, mil, millones, o el sonar del tiempo que pasa entre su meditación y el quehacer frente al blanco inmaculado...
Sonidos como de sala de laboratorio...

Sonidos de sus distintos ritmos respiratorios,

Sonidos del silencio que se complica con su ensimismamiento o se suelta para enredarse entre las distintas líneas y figuras….Una tímida voz que se esboza, un dúo, un coro y la grandiosidad de todas las voces ascendiendo y vibrando en la atmósfera que cada observación crea.

Me agrada ese desfile creciente de distintos pesos del negro encima del blanco, con timidez, con tozudez, con desparpajo, con retraimiento, con fuerza...

Cada visión me proporciona una sucesión de ideas incontrolables...

Una sinfonía sincrética de la que uno sale enriquecido. Una sinestésica resolución a lo largo de toda la unidad.

Ése síntoma es para mí, lo que decreta cuándo estoy frente a una verdadera obra de arte.