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jueves, 15 de marzo de 2007

Una noche importante


Imagen: Alegoría de la lujuria. Bronzino.1545

Se calzó los guantes para ocultar una vez más, la tosquedad de sus manos; desentonaban con el resto de su figura.
Antes, se había acicalado con esmero, luego de haberse dedicado por entero a la depilación (Ya quedaban pocos rastros gracias a las técnicas definitivas).
En el baño había puesto un espejo de cuerpo entero, de tres hojas, para no perderse detalle. Sobre el cristal azogado, y a su alrededor a modo de marquesina, luces potentes. No quería tener piedad con sus imperfecciones.
El baño era su "bunker". Allí se pasaba más tiempo de lo que la familia consideraba prudente.Pero, se lo toleraban porque la modernización de ese lugar había corrido por su cuenta y la casa adquirió categoría...(cuando no estaba,sus hermanas se ufanaban ante las amigas mostrando la lujosa "zona de placer").
Untó su rostro y todo el cuerpo con las cremas "Charles of the Ritz",aconsejadas por la experta de belleza que se los vendía.Eran caras; de manera que se exigía siempre trabajar sobrehorarios para mantener sus caprichos.
Mientras la oleosidad penetraba por los poros de la piel para darle suavidad de seda, acercó una banqueta donde puso las toallas y el albornoz para usarlas luego del baño.(Siempre blancas. Impecables. Odiaba esos colorinches modernosos que disimulaban cualquier bochorno).
Se recostó sobre el tapiz que cubría una camilla de madera,colocó un fresco y pesado antifaz sobre sus ojos, encendió el reproductor musical y se dedicó a dormitar con los pies algo más elevados, hasta que sonara la campanilla de leve timbre anunciando que el agua en la bañera había llegado al nivel programado.
Al oir la alarma, sin alterarse, se levantó del lugar y metió primero sus manos en la gran pileta para verificar la temperatura.Tomó un frasco con líquido ambarino y derramó parte de él en el recipiente donde reposaría otra media hora mientras los chorros del sistema "jacuzzi" masajearan con distintas intensidades cada rincón de su cuerpo. Agregó unas bolsitas de lavanda, pétalos de rosas, sales perfumadas y un gel espumante.
"¡Aaaaahhhh!¡Qué placer! ... Se dijo susurrando, dejándose llevar a la nada: nirvana personal que había logrado para sí.
Los chorros removían el agua deliciosamente y la espuma de las sales habían creado un lago de burbujas que irisaban la superficie móvil de la tina.
Soñó con escenas de la Grecia antigua y con fornidos y sudados romanos tal vez por las imágenes que se había representado en la lectura de "Félix de Lusitania" (Últimamente, se le daba por leer novelas históricas como recurso para saber Historia sin la pesadez de ella misma... Podría hablar con la gente sin que se percibiera demasiado lo superfluo de sus conocimientos).
Las figuras masculinas se sucedían hasta convertirse en una tentación libidinosa.Guardó las pulsiones que le exigían caricias y satisfacción pensando que de esa manera iba a ser más eficaz en la cita de esa noche.
El impulso del agua comenzó a disminuir anunciando la quietud y el fin del baño.
Se quedó unos segundos, dejando afuera sólo la cabeza.Aspiraba con fruición los aromas que despedían las sustancias perfumadas.
Salió de la tina sintiéndose una deidad... como esas propagandas donde los cuerpos aparecen con gotas transparentes que lo recorren.Lo que vió en el espejo merecía aprobación.
Se envolvió en el albornoz y cubrió sus cabellos mojados con una toalla enroscada por sus extremos a modo de turbante.
Salió del lujoso baño sin haber pasado por el sauna (Nunca lo había usado en realidad)pues tenía el prejuicio que le produciría baja presión.
Comenzó entonces,la tarea de artesanía: embellecer sus rostro.
Con la propijidad reconocida, dispuso cada adminículo.
Ablusionó agua mineral con agua de rosas, pasó un papel tissú con suavidad para secar el excedente, abrió la ampolleta celeste que contenía un hidratante potente, lo esparció con suaves tecleteos con movimientos ascendentes en las mejillas, en forma de ocho en los párpados, alisó la frente y las comisuras de los labios, y palmeó enérgicamente sobre la barbilla. En el cuello, manos de seda para acariciarlo en abanico de abajo hacia arriba...
La concentración en la tarea era tal que parecía un rito. Y en realidad lo era: tanta dedicación, tanto tiempo, para no dejar escapar tan pronto a la juventud que ya estaba por filtrarse en los intersticios de los cuarenta ( lo pensó porque en ese momento el tema de Arjona que estaba escuchando hablaba de los cuarenta).
Unas gotas de colirio redimensionaron el brillo de la mirada, momentos previos a comenzar el maquillaje: un toque de base en frente y dorso de la nariz, mentón y mejillas; "el cuello también", le había dicho una promotora de Lancom "para que el rostro no parezca una máscara". La difuminó con unas esponjitas de látex que descubrió en Pozzi el año pasado (Las compró al por mayor: celestes, rosadas, blancas, verdes, redondas triangulares,chatas, voluminosas...). Con mirada de artista, eligió el iluminador del párpado que hará también de corrector de ojeras, aunque hoy usará poco: había descansado lo suficiente.Luego, las sombras grises que profundizó con un tono más oscuro en el pliegue del párpado superior. Vigiló que ambos ojos tengan simétricamente las pinturas y suavizó sus límites repitiendo el acto de difuminar con otra de las esponjitas.
Devolvió sombras y pinceles a su lugar y eligió uno de apariencia de estilete, con las cerdas prietas, en punta, finitas...Lo introdujo en el frasco del delineador y lo deja allí por unos minutos. Había olvidado que esa noche quería impactar pues sería la noche que decidiera su nueva vida.
Abrió un cajoncito de su coqueto tocador donde había guardado las pestañas postizas,.Tenía varios juegos de distintos largos y un par con brillitos como toque exótico.
Al sacar el estuche de las elegidas, vió debajo de él la imagen de la Virgen desatanudos.Se persignó, le hizo el ruego de siempre, y a continuación besó la medalla de plata que colgaba de su cuello.Cerró el cajón como si cerrara el de un tesoro, sonrió, y continuó con su trabajo: colocó el pegamento a las pestañas y con presición relojera las pegó a sendos párpados. "Increíble cómo pueden un par de pestañas realzar la mirada"... Disimuló el artificio pasando un trazo delineador, otra vez, poniendo su fina habilidad en la tarea.
Con lápiz rojo dibujó el contorno de la boca voluptuosa, y rellenó el interior con la barra labial. Quitó el exceso cerrándola sobre un trozo de papel absorvente.
Agregó polvo volátil y volvió a pintarla..."¡Perfecto!" -se dijo.
Introdujo el dedo índice en la boca, cerró sobre él los labios, y luego deslizó el dedo hacia afuera para liberarlo mientras eliminaba todo rastro de pintura sobrante que pudiera dañar la prolijidad de su aliño.(Pont Ledesma repetía este consejito cada vez que se presentaba en el programa del canal Utilísima; y en realidad era un tip útil y verdaderamente eficaz).Era un gesto de coquetería pero también, voluptuoso y que divertía.
Extrajo del portante unas especie de brocha con mango plateado y suaves pelos de marta que pasó por unos tintes rosados y luegó aplicó a sus pómulos para destacarlos. Hundió visualmente las mejillas con un tomo más oscuro, emparejó las tonalidades con otra esponja y luego con un cisne, terminó con una cubierta de polvo volátil en todo el rostro y el cuello.
Retocó las cejas peinándolas hacia arriba y destacar su arco pronunciado. Eran el marco perfecto para esos ojos selváticos que Dios le había regalado.
Apretó del difusor del antitranspirante y esperó que se secaran las axilas.
Con los brazos en jarra, entró al vestidor. No perdería tiempo buscando qué ponerse pues su apego a la puntualidad le hacía disponer todo con suficiente anticipación.
Allí también había un espejo inmenso.
Antes de ponerse el sostén de encajes, apreció la turgencia de sus pechos... El cirujano que las operó se había esmerado en dejarlas naturales. Calzó las tazas en cada "lola" abrochó en la espalda y apreció el contraste del encaje negro sobre la tonalidad apenas bronceada de la piel.
Como si alguien observara, izó las bragas con la coquetería sensual de un buen espectáculo de "striptease".
_"Cada vez vienen más breves", pensó mientras trataba de calzarla correctamente. Sus nalgas, aparecieron redondas y duras...("¡Qué mal había pasado aquél postoeratorio de varios días boca abajo!" Pero, valió la pena.)
Se puso el porta liga efectista y las medias transparentes del color de su piel. No quería parecer una puta barata completando el atuendo con medias negras. Mas, el portaligas, sí.Era infalible el valor agregado que tan diminuta prenda tenía.
Con igual sensualidad deslizó desde abajo hacia arriba el vestido escotado que marcaba la silueta. Cerró la cremallera del cierre en la espalda, y pasó las manos sobre la seda roja para causarse cierto estremecimiento de placer.
No toleraba su cabello.Junto con su manos, era un motivo de complejo que no podía superar. Afortunadamente, estaban las pelucas... Sí. Allí estaban ellas, enfiladas las cuatro sobre sus cabezales de tergopol, los cuellos larguísimos, damiselas pálidas que de un tirón podría convertirse en calvas.
Eligió la de siempre: la melenita negra, brillante, que destacaba el verde de sus ojos.(Morocha y de ojos verdes: un ícono en la fantasía masculina más cálida que la rubia de ojos claros que si era natural era más desabrida que una hostia).
Miró el reloj mientras se lo colocaba en la muñeca: faltaban quince minutos para la cita...Una turbación le sacudió las entrañas.Se sonrió para darse coraje. Cuántas veces hizo lo mismo. Pero esta vez, era distinto. Tenía que lograr cobrar más que nadie.El motivo era suficiente como para tolerar al viejo empresario que hacía rato asediaba con llamadas telefónicas y ramos de flores y ofertas varias.
Lo había aceptado hacía ya tres semanas y se habían encontrado en un departamento que sin mucho miramiento se lo había puesto asu nombre esa mañana.Después de todo, el hombre tenía sus años y algunos encantos: olía bien. era galante, sabía esperar, y respetaba aunque sea sexo por contrato.Eso halagaba.
Prácticamente se baño en una ola de "L'Air du temps" de Nina Ricci, tomó su bolso, se puso un abrigo liviano para disimular el gran escote,y recién se calzó con las sandalias altísimas que había estrenado la semana pasada.
Obsequiándose una mirada aprobatoria final,se calzó los guantes para ocultar una vez más, la tosquedad de sus manos.
Cerró la puerta del departamento y llamó al ascensor... ocho minutos... faltan ocho minutos...
Ya en la calle, arrancó silbidos de admiración a su paso.
Tres cuadras, y allí, en pleno Barrio Norte, estaba la limusina que no era alquilada para impresionar y que esperaba por su su compañía y su sexo.
Subió cuando la puerta le fue abierta invitando a entrar.
Recorrieron un buen trecho sin hablar.
Las luces de las calles recortaban como relámpagos tanto la oscuridad del interior del automóvil como su espeso silencio.
Cuando el hombre comenzó con los apremios y las caricias, cedió y simuló calentura que más tarde fue genuina.
El hombre susurraba al oído algo como "hagámoslo ya, aquí"...mientras manoteaba todos los lugares que deseaba.
También casi en secreto le contestó aceptando, hablándole al oído, lanzando su aliento tibio deliberadamente sobre el pabellón de la oreja, permitiendo que los labios le rozaran con suavidad.y exigió con mohines,que el chofer se retirara.Que comenzaran el juego desde el principio.
Accedió el millonario, ya exitado y sin poder casi dominar sus impulsos.No llegaron a un acuerdo con el precio de la noche, pero el juego continuó.En realidad, para el cliente, era una manera más de subir los grados de su pasión. Sentir cierto poder sobre quién le prestaba el servicio, aunque esta putita le gustara más que las otras y le tuviera que regalar un 0 kilómetro mañana mismo.Indicó al chofer que estacionara y lo envió a un bar cercano hasta que lo llamara.
"Papito, quiero champan"... "Vamos a bebérnoslo todo"... "Yo te lo daré en la boca "... "Así, con mi aliento, con mi saliva"..."Vamos lento, dejame que te yo te lleve"...La lengua recorría la piel del hombre deseoso de dar lugar a sus urgencias.Pero se entregaba a las propuestas de la pareja. Había comprendido que se trataba de prolongar el momento...Y divertido cerró los ojos inspirando y llenando sus pulmones con el perfume de Nina Ricci que le golpeaba en el punto justo del placer.Le divertía saber que al día siguiente, en agradecimiento, estaría firmando un cheque en la concesionaria de Peugeot. Un polvo de éstos, bien vale "la atención".
Sentía en el interior de su boca la delicia del champán .Alcoholizarse ambos. Era necesario. Tenía que tener al vejete en un puño, y a la vez tomar el valor necesario para terminar esa noche como había planeado.
La verdad que la calentura estaba en ambos, pero gozaría sin perder de vista sus planes.
Se montó sobre la falda del hombre mientras éste le pedía que lo tocara "ahí", por favor...Sonrió con malicia, levantando sus manos enguantadas y apretándose más a él, pelvis con pelvis.Tenía otros planes.Lo haría de otro modo; más enloquecedor y dejaría sus manos enguantadas como fetiche... Lo convencería que así era mejor.
Y descendió su boca hasta la intimidad del hombre ...y dejó que éste hiciera con sus dedos lo que quisiera por donde quisiera. Le gustaba.
Curiosamente, junto a la lujuria, se exaltaba el motivo de su noche . Sentía que la adrenalina le borraba todo rastro de pudor. Enloqueció pensando en cuánto dinero le hacía falta para cumplir su objetivo en el plazo previsto. Los latidos de su corazón se expandían vertiginosamente. La mente tenía sólo dos pensamientos que laceraban: placer y objetivo, objetivo y placer...mientras se movían violentamente y los olores animales anulaban a los carísimos producidos en laboratorios,comenzó a apretar el cuello del hombre hasta sentir crujir los huesos entre sus dedos. Una mirada de estupor fue lo que más recuerda del ricacho.
Le sacó el Rólex, la pulsera de oro, el anillo de brillantes, desnudó su billetera, sacó doláres y pesos argentinos, la tarjeta - por las dudas - birló una botella de champán, y llamó a un remisse a la espera en la esquina de la otra cuadra...
"A Ezeiza", ordenó.
Ya en el aeropuerto internacional, llegó a tiempo para hacer los trámites pre vuelo.
"Lan Chile anuncia a los señores pasajeros su vuelo a Santiago"....pasajeros por puerta 15...
Se apresuró a entrar en la manga y subir al avión.
Ya en el cielo, Pablo se distendió. Pidió al comisario de a bordo una copa, y que le abriera la botella de "SU" champan.
Y comenzó a soñar su vida nueva sin el odiado apéndice que colgaba muerto en la zona exterior de su futura vagina...
"¡Salud!" _ dijo al joven comisario.Éste, por cortesía, respondió:"¡Salud!