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sábado, 21 de abril de 2007

EXTRAÑEZA


La puerta entreabierta dejó filtrar un rayo de luz. Lo curioso era que éste no se dirigía en línea recta ni se quebraba en fracciones igualmente angulosas. Era un haz de luz extraño: lleno de líneas curvas como ésas que tanto usaron los dibujantes de los firuletes porteños en los adornos de sus camiones tangueros.
Era un rayo de luz que se derramaba.
Era un rayo de luz que se derramaba y seguía su luminiscencia sin final, volviendo y enredándose en sí mismo, adelantando algunos pasos y retrayéndose hasta la puerta de aquella habitación, donde había ingresado el inquilino, famoso por su afecto al alcohol.