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lunes, 6 de agosto de 2012

Estrategia

(Publicado en la cursada de NetAbras Reedición de Nueva Excursión a los TIC)

¿A dónde cree que va?
   Juan siempre llega tarde a todas partes; sobre todo a la escuela.
   Le cuesta levantarse en condiciones y con el tiempo suficiente para peinarse como corresponde, desayunar adecuadamente, subir en el ómnibus conveniente.
   Inicia el día con aprietos y lógicos reproches por parte de sus padres. Invariablemente, les promete que va a cambiar, pero hasta ahora, que ya está finalizando la secundaria, el cambio no se ha producido.
   Cada día, sabe de antemano que llegará una vez que la llamada inicial para ingresar a su colegio haya sucedido. Tendrá que flanquear la puerta principal soportando la mirada y sonrisa socarrona del portero que ya conoce su fama de remolón. Juan no le tiene nada de simpatía:  pareciera que goza de las vicisitudes sufridas en su ámbito escolar.
Dar por sentado, al recorrer los pasillos que conducen al aula, que la asistencia ya ha sido registrada y que el preceptor no tendrá piedad en anotar sus tardanzas, es habitual.
Últimamente, todo esto, que antes le resultaba una picaría, una avivada,  se le está complicando: la chica más linda del curso por la que está muerto de amor, lo mira sobradoramente y con algo de desprecio. Y en el hogar las cosas estaban llegando al límite de tolerancia.
   Sus viajes de casa a la escuela son propicios para despertarle preocupación: busca alguna idea que lo ayude a “zafar”, pero su mente sigue en blanco día tras día.
    Hoy, es distinto. Un esbozo creativo lo acomete aunque aún no sabe claramente qué hará para virar la situación. Sonríe para sí, imaginando el momento: él burlando todos los inconvenientes, saliendo airoso, logrando por fin que Antonella lo mire de otro modo…
   Mientras corre por el pasillo recordando la última amenaza de su madre (la dijo con un tono tan severo que no permitía duda alguna de que sería cumplida: “no irás a Bariloche con tus compañeros si nuevamente debo solicitar tu reincorporación”) se plasma la idea que podría -- aunque sea por única vez -- romper con su cotidiana actitud. Si lo logra, hoy no recibirá una reprimenda por parte del profesor de turno. Pero necesita calma para pensar. Desacelera el paso, atenúa su agitación, y resuelto, gira su cuerpo de modo que pueda comenzar a caminar marchando hacia atrás.
   El profesor de matemáticas estará sumido en el entusiasmo de sus teoremas cuando el acceda a la puerta y trasponga el umbral. EL Sr Torres seguramente estará escribiendo sin pausa sobre la pizarra de modo que en su registro visual, ve a un muchacho que sale de la clase cuando en realidad está ingresando.
-        ¿ A dónde cree que va? ¡Siéntese!.
   Triunfante, Juan “obedece”. Mientras se dirige a su banco, aprecia la mirada distinta que le dedica Antonella, se acomoda en su lugar, y satisfecho, se siente un ganador.
   ¿Podrá ser ésta la estrategia diaria para eludir responsabilidades? ¿O llegará el momento que el recurso se agote y tendrá que proponerse otra salida?

martes, 26 de junio de 2012

Dos caballeros

   Dos caballeros sentados a cada lado de la cama. La mujer agoniza. Sabe que en ellos hay una reverencia especial. El de la izquierda le toma la mano transmitiéndole su calor. La aprieta fuerte, como aprieta sus labios y sus párpados.Su amor despertado en una pieza de hotel, su vestido de cristal anaranjado quitado con deseperación, el miedo en sus ojos, el no saber qué y cómo; la inocencia en esas pupilas grises apenas descubiertas entre negras pestañas, y en los labios inexpertos , suya suya suya suya suya. No le alcanzaron las manos, ni el acople perfecto, ni la respiración acompasada, ni el pequeño gesto de dolor, ni el sentirse dueño de su territorio que olía a jazmín y almizcle, ni su espuma derramada, ni el tiempo, ni el ruego posterior, ni las ausencias, ni el continuo silencio, ni el rechazo inexplicable.
   El de la derecha le aferra tembloroso su otra mano, pálida, exangüe. Le recorre con suavidad la línea del brazo, se inclina hacia ella, le acerca su aliento,insuficiente. "Faltan horas, minutos", dijo el médico...La recuerda vestida de blanco,como lo quieren los ritos y las madres y las abuelas.Y en la noche cuando fue suya suya suya suya suya suya. Aprendió a quererla en su mutismo y en sus nanas inaudibles cuando hamacó a sus hijos.La quiso en esa imprecisa ausencia, en ese halo de sutilezas, de frágiles suspiros, La reverenció en ese callado pasar de los años, trajinando la casa con la levedad de un ángel.Le gustaba mirarla mientras despeinaba las torzadas de su cabellos, multiplicada su belleza frente al espejo . Ella tenía una sensualidad delineada en la sonrisa ,calentada en la lengua, escanciada en los ojos grises, en esos párpados oscuros marcados por  viejas tristezas, en el pendular movimiento de los pechos, en la armónica cadera , en el ombligo profundo y pequeño, en sus largas piernas, en los pies de caminar sublime. Sabía acariciarlo y ofrecérsele con una entrega absoluta. Se amaban en largas noches, y en horas de luminosidad plena, con la misma intensidad.Fue envejeciendo a su lado. Una vejez recoleta y resignada en las horas de jardín.El ocaso le sentaba tan bien como los amaneceres y los mediodías.
Ambos hombres, pendientes de los ritmos del desenlace, abarcados por los recuerdos intensos, endulzados por el amor que le profesaban, tensaron al unísono la atención sobre la respiración que fue haciéndose menos audible, preanunciando el final. Ambos se estremecieron al percibir una suave presión en sus manos y la inmediata laxitud de la partida.
Se miraron con una mirada que hablaba y silenciaba. Avanzaron sus dedos hacia los ojos. Uno le cerró el izquierdo, el otro deslizó los párpados del derecho y quedaron agobiados por la pena: la misma pena.
Enfermeros médicos, un sacerdote,rompieron la intimidad del momento y más tarde los oficiantes de la muerte.
El día del entierro, encabezaron el desfile tomando con autoridad, los primeros puestos en el tiraje del féretro oloroso de caoba y plomo.Uno el derecho ; otro el izquierdo.
Una vez sepultada,el de la izquierda dejó un ramo de rosas rojas, junto a sus lágrimas. El de la derecha, una corona de rosas blancas y el estremecedor mutismo del llanto contenido.
Salieron los últimos. Uno tomó rumbo al portal Sur, otro el del portal Norte.
Los demás deudos no se sorprendieron cuando al mismo tiempo, dos estampidos de revólveres se mezclaron en los aires venidos desde los dos extremos cardinales.


viernes, 27 de agosto de 2010

Camila y Ladislao

Regresamos con la tristeza incorporada en la sangre. con vendas sobre nuestros ojos
Sabíamos que nuestro destino estuvo desde el principio señalado por el dolor.
Estábamos indisolublemente unidos a pesar de la distancia que nos impusieron.
El rojo que simbolizaba la pasión, nos había marcado a fuego.
Ellos vieron desenfreno en nuestro amor.
Y pusieron a Dios en el medio para justificar el juicio.
La divisa punzó era ahora más lacra sellando nuestras vidas. Ahora sí que la pasión desenfrenada soltaba su furia sanguinaria a pedido de mi padre al Gran Restaurador.
15 de agosto de 1848.
Mi llanto no era de miedo. Mi llanto era de furia. Y la vida me latía en el vientre levado por el amor de Ladislao. Ladislao Gutiérrez. El sacerdote católico que se enamoró de mí y de quién yo me enamoré.
La sociedad de más puro abolengo, la que me había abierto todas las puertas, hoy era la chusma que clamaba por nuestras cabezas.
Sin embargo, cada uno en su celda, no se sentía solo. Estabamos acompañándonos con el mismo valor que tuvimos para amarnos, para huir, para hacer una nueva vida allá en Goya, hasta que aquél sacerdote nos reconoció y no tuvo la piedad que se espera de la Iglesia donde fui educada. Dios es Amor. El verbo de Cristo es el “ amáos unos a otros”, el camino al cielo está recorrido por los pecadores, Padre nuestro que estás en los cielos... perdona nuestros pecados....
Ahora sentía el vacío de la doctrina que no nos perdonaba. Que nos delataba, que no tenía ni la mínima piedad por el niño que llevaba en mi vientre.
Sentía la garganta seca, el olor del sudor de mi desesperación, la adrenalina que se me desbocaba por los poros...
No pedí misericordia porque sabía de su inutilidad. No eran tiempo donde una decisión fuera revocada.
Además: ¿No era ridículo pedirla por haber amado intensamente?
Nos condujeron al paredón.
Ojos vendados, sentíamos la proximidad nuestra y la de la muerte.
Una silueta brillante de rubios rizos, rostro amable y con amplias alas me señaló la boca y aún con los ojos tapados vi cómo me indicaba también la boca de mi amado. Y entonces comprendí. Y rogué que a Ladislao también le tocara la suerte del ángel y me animé mientras escuchaba el conteo al pelotón de fusilamiento a gritar su nombre con toda mi energía: LADISLAO!.
CAMILA! Se oyó al unísono con la voz estruendosa y plena del cura.
... Los disparos fueron certeros. Ambos cayeron de plomo sobre la arena, levantando una nube de polvo, mientras rostros impávidos y sin piedad aventaban el olor a pólvora del caño de sus armas.

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sábado, 26 de junio de 2010

Fe a toda prueba

La madrugada de ese domingo de mayo traía en los aires campanadas tempraneras.
El sacerdote había soltado a vuelo el llamado a rezar el rosario de la aurora. .
_ “Faltan pocos días para el 22 y el pueblo entero va a conmoverse en sus entrañas religiosas: Santa Rita estará contenta”...Pensó el hombre mientras jalaba de las gruesas sogas que baten los badajos de bronce.
- “El campaneo se oye con distinta fuerza según la distancia, pero llega”… Dijo Doña Damiana a “su viejo”, mientras apuraban una taza de mate cocido apenas cortada por una cucharada de leche en polvo de la que entregan en el PAMI para los pobres, pobres jubilados.
- “Se oye como el choque de dos cucharas de lata” fue el triste comentario del viejo…
Ninguno de los dos tenía precisión que les recordara cuánto tiempo hacía que estaban juntos. Lo que tenía por cierto era esa necesidad del uno por la otra y viceversa. Por eso era que - sin protestar -, el viejo acompañaba a Doña Damiana a rogar a Santa Rita por una vida sin mucho sobresalto…Un poco mejor de la resignada a la que ya estaban acostumbrados…Curtidos, se diría.
Cada uno dejó su tazón lavado, boca abajo sobre la vieja mesa de patas oblicuas cubierta por un hule añejado. En la humildad de la habitación que oficiaba de cocina, comedor, o sala de estar, la prolijidad y el orden era todo el lujo que se ostentaba.
Acomodaron las sillas que habían usado y salieron juntos hacia la puerta frontal. Atravesaron los escasos metros de la huerta - jardín acompañados por tres perros de raza incierta que les demostraban su fidelidad moviendo sus colas en vaivén.
El marido de Damiana miró al cielo… Una nube pesada parecía haberse instalado sobre el barrio pobre de la ciudad…
_ ¡Carajo! Más lluvia, parece… Vamos a mojarnos otra vez nuestro calce, Dami. Y la ropa… _ ¿Y si nos quedamos? Preguntó a su mujer, sabiendo que vendría una negativa firme.
_ ¡Ni se te ocurra Isidro!... ¡Quedate vos, pero yo a mi Santa no la abandono!... O ¿Ya te olvidaste de cuántos favores le debemos?
Isidro negó haber olvidado… Es cierto: a lo largo de sus vidas habían rogado en varias oportunidades y en cada una de ellas habían sido escuchados por la Santa de los Imposibles. “Tanta habrá sido su insistencia que Diosito le daba permiso para hacer el milagro”… caviló Isidro.
Caminaron unos pasos sobre la calle de tierra cuando la pesada nube dejó de ser una presencia silenciosa: un rumor se descolgaba del aire que parecía electrizado. Ambos pararon en seco: cruzaron sus miradas. El temor de Damiana duró un segundo. Isidro, la tomó protectoramente de los hombros mientras le deslizaba un ruego:
-Esperame, viejita. Voy a buscar algo que nos proteja por si llueve…
Damiana asintió. Lo vio irse con su particular que daba a entender una agilidad perdida.
-¡No tardes, Isidro! Le dijo preocupada… Los minutos que estaban pasando los obligarían a tomar el colectivo urbano que pasa por la ruta que parte en dos al pueblo: “los del centro y nosotros” pensó con algo de amargura…
Isidro ya estaba de regreso pisando esa tierra seca y firme que se transformaba en una inmensa masa oscura luego de la lluvia. ¡Si habrán perdido alpargatas en ese barro infame! E inmediatamente la sacudió ofensivamente el recuerdo del olor a podredumbre del fango persistente de las inundaciones del 98… Fue cuando perdieron todo, menos la dignidad. Y terminaron rumiando penas en el terreno prestado por su cuñado, cerca del basural municipal, levantando su casa, mezcla de cartón, chapas y maderas, con sus propias manos…Se persignó mientras decía “¡Gracias a la santita estamos vivos y tenemos dónde vivir!”
Isidro tenía en sus manos dos bolsas negras para residuos, Las tomó de las que rescata del basural para luego venderlas en el centro de reciclado. Estaban limpias y secas. Con ellas se cubrirían si se largaba la lluvia…
¡Vamos!, ¡Vamos!
Isidro protegía a su mujer sin aspavientos. Su hombría bien entendida sabía hacerlo. Además, amaba a esa mujer que se había ido transformando luego de cada niño que les naciera, luego de cada enfermedad, luego de cada pérdida…Ahora tenía las manos temblorosas, las cataratas de sus ojos le nublaban el mundo, y a veces necesitaba de un bastón (En realidad una rama bien elegida por su rigidez y lijada pacientemente para ella) para desplazarse. Sobre todo, en días como hoy o los anteriores, cuando la humedad reinante es una amenaza para las coyunturas óseas…
En esos días, el aire se enrarece: pierde su frescor de otoño y se vuelve caliente y pegajoso. La amenaza o promesa de lluvia es un prolongado interrogante mientras transpira en las chapas del techo y las paredes de la casa.
Pero este domingo, la humedad que ya era una presencia intolerable, la nube que los seguía arriba de sus cabezas, y ese rumor del aire que sabe a ranas hacía presentir que el agua era inminente.
El cielo, como estaba previsto, se precipitó con un aguacero tupido sobre ellos. Isidro apuró el desplegado de la negra bolsa para cubrir a Damiana poniéndosela sobre la cabeza a modo de capote, y luego se protegió él mismo. Estrechó más aún a su mujer.
Sin soltarla bordearon la laguna. En las orillas, el agua se veía verde y una nube de insectos se disputaba las carnes de un pescado tirado a la orilla. Tuvieron que taparse la nariz porque la proximidad al basural les castigaba el olfato.
Cuando pasaran esos espinillos, estarían a metros de la ruta…
¡Apuremos, Isi!. Ya ha de ser la hora que pasa el 48. Con suerte vamos a poder tomarlo y guarecernos dentro de él. ¡Está fuerte el agua!
Las ramas espinosas estaban bajas. Isidro alcanzó a levantarlas con sus brazos para que no lastimaran a Damiana. Se hirió las manos. Una espina quedó incrustada en el antebrazo pero mordió la queja para no preocupar a su esposa…”Que nada la detenga” “Está tan ilusionada”. “La Patrona tiene que hacer que desaparezca ese bulto que se le ve a simple vista y se le palpa, debajo de las costillas, en el lado izquierdo”… “El doctor dijo que había que hacerle ese estudio en Corrientes capital” “¡Puta, la pobreza!”… “no tenemos una moneda partida por la mitad”… “¿Cómo haré para llevarla?”…Las lágrimas del hombre se confundieron con el agua de lluvia.
Apretó el paso, apretó los dientes, apretó el hombro de su mujer…
_ Allá viene!.... Apuremos!. Un poco más, ¡dale, dale!” . Damiana animaba a su pareja, y corría con una agilidad inesperada soltándose de Isidro.
El agua era una cortina perpendicular, espesa, que impedía la visión y el cálculo de las distancias; pero, a Damiana no le importaba. Se paró en medio de la ruta levantando los brazos para llamar la atención al conductor del colectivo.

En el santuario de Santa Rita, el sacerdote terminó de confirmar que era hora de dar el último repique del último llamado de los tres que cada quince minutos hace antes de salir a recorrer las calles, en procesión, rezando el novenario a la Patrona del pueblo.
Las campanadas se mezclaron con el corte agudo y profundo de sirenas insistentes. Arreciaba el agua pero en el templo ya había parroquianos con paraguas y botas de gomas, dispuestos a desafiar al aguacero. El cura se acercó a ellos para invitarlos a partir. Desde el atrio, alcanzaron a ver el carro de los bomberos que ululaba con desesperación propia y detrás, dos ambulancias igualmente veloces y estridentes.
_ Algún loquito con resaca de la noche del sábado…dijo alguien
_ ¡Seguro! Contestó una señora, abriendo su paraguas.
La procesión, algo escasa en este domingo, hacía su recorrido por las calles aledañas, rezando el Santo Rosario. Algunos rezagados se iban sumando comentando el barullo de sirenas llenos de curiosidad por saber qué había ocurrido. Entre Padrenuestros s y Avemarías cuchicheaban las mujeres suposiciones varias: accidente, incendio, por la zona del matadero, por la curva Sur…y se oía alguna que otra voz por encima de las otras que decía “¡Esta juventud no tiene remedio!”...
Bajo esa intensa lluvia, cumplieron el recorrido. La gente recibió del Padre José una bendición a las apuradas. Su monaguillo le había avisado que lo llamaron los bomberos para que asista al lugar del accidente. Así lo hizo saber a los feligreses, pero que no tenía más detalles.
El matrimonio Romero se ofreció llevar al cura hasta el lugar. Un camión con acoplado
estaba cruzado y volcado en medio de la ruta justo en el lugar donde hacía instantes Damiana se paraba alzando los brazos para llamar la atención del conductor del colectivo de la línea urbana.
El colectivo, felizmente sin pasajeros, había dejado en el asfalto una oscura huella al sesgo producto de un volanteo inútil para evitar la colisión.

Entre chapas y hierros retorcidos de la trompa de ambos vehículos, Damiana - aún consciente – clamaba a Santa Rita mientras se desangraba. El cura fue quien le cerró los ojos después de la extrema unción y de haberle prometido que cuidaría de su Isidro sin saber a ciencia cierta de quién se trataba…
Frente a la escena, Isidro miraba con horror. La tentación de putear y maldecir se le apagó en medio del pecho. Se quebró como una rama seca y quedó allí, a orillas del camino fulminado por la impresión.

Diana Laura Caffaratti

viernes, 26 de marzo de 2010

lo pequeño y bello del Otoño


...una hoja ha caído de un árbol ciudadano.Ha flotado perezozamente en su descenso.Grácil, si se quiere, y engalanado con cierto amarillo vibrante que le da la proximidad de otoño.Al llegar a la tierra ha aterrorizado a cinco hormigas que laboraban desplegando toda su fuerza para arrastrar cada una su carga: una ramita minúscula, una migaja de pétalo, una uña de espina robada al rosal más preciado, una pata de grillo, un barba de pluma, vaya saber de que pájaro de bruma.
También ha aplastado una gota de rocío...¡Sin quererlo! ¡Sin quererlo!
Todo sin quererlo, cumpliendo involuntariamente su destino.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Noche importante (Versión corregida)

Se calzó los guantes para ocultar una vez más, la tosquedad de sus manos: desentonaban con el resto de su figura.
Antes, se había acicalado con esmero, luego de haberse dedicado por entero a la depilación (Ya quedaban pocos rastros pilosos gracias a las técnicas definitivas).
En el baño había puesto un espejo de cuerpo entero, de tres hojas, para no perderse detalle. Sobre el cristal azogado, y a su alrededor a modo de marquesina, luces potentes. No quería tener piedad con sus imperfecciones.
El baño era su "bunker". Allí se pasaba más tiempo de lo que la familia consideraba prudente.Pero, se lo toleraban porque la modernización de ese lugar había corrido por su cuenta y la casa adquirió categoría...(cuando no estaba,sus hermanas se ufanaban ante las amigas mostrando la lujosa "zona de placer").
Untó su rostro y todo el cuerpo con las cremas "Charles of the Ritz",aconsejadas por la experta de belleza que se los vendía.Eran caras; de manera que se exigía siempre trabajar sobrehorarios para mantener sus caprichos.
Mientras la oleosidad penetraba por los poros de la piel para darle suavidad de seda, acercó una banqueta donde puso las toallas y el albornoz para usarlas luego del baño.(Siempre blancas. Impecables. Odiaba esos colorinches modernosos que disimulaban cualquier bochorno).
Se recostó sobre el tapiz que cubría una camilla de madera,colocó un fresco y pesado antifaz sobre sus ojos, encendió el reproductor musical y se dedicó a dormitar con los pies algo más elevados, hasta que sonara la campanilla de leve timbre anunciando que el agua en la bañera había llegado al nivel programado.
Al oir la alarma, sin alterarse, se levantó del lugar y metió primero sus manos en la gran pileta para verificar la temperatura.Tomó un frasco con líquido ambarino y derramó parte de él en el recipiente donde reposaría otra media hora mientras los chorros del sistema "jacuzzi" masajearan con distintas intensidades cada rincón de su cuerpo. Agregó unas bolsitas de lavanda, pétalos de rosas, sales perfumadas y un gel espumante.
"¡Aaaaahhhh!¡Qué placer! ... Se dijo susurrando, dejándose llevar a la nada: nirvana personal que había logrado para sí.
Los chorros removían el agua deliciosamente y la espuma de las sales habían creado un lago de burbujas que irisaban la superficie móvil de la tina.
Soñó con escenas de la Grecia antigua y con fornidos y sudados romanos tal vez por las imágenes que se había representado en la lectura de "Félix de Lusitania" (Últimamente, se le daba por leer novelas históricas como recurso para saber Historia sin la pesadez de ella misma... Podría hablar con la gente sin que se percibiera demasiado lo superfluo de sus conocimientos).
Las figuras masculinas se sucedían hasta convertirse en una tentación libidinosa.Guardó las pulsiones que le exigían caricias y satisfacción pensando que de esa manera iba a ser más eficaz en la cita de esa noche.
El impulso del agua comenzó a disminuir anunciando la quietud y el fin del baño.
Se quedó unos segundos, dejando afuera sólo la cabeza.Aspiraba con fruición los aromas que despedían las sustancias perfumadas.

Salió de la tina sintiéndose una deidad... como esas propagandas donde los cuerpos aparecen con gotas transparentes que lo recorren.Lo que vió en el espejo merecía aprobación.
Se envolvió en el albornoz y cubrió sus cabellos mojados con una toalla enroscada por sus extremos a modo de turbante.
Abandonó al lujoso baño sin haber pasado por el sauna (Nunca lo había usado en realidad) pues tenía el prejuicio que le produciría baja presión.

Comenzó entonces,la tarea de artesanía: embellecer sus rostro.

Con la propijidad reconocida, dispuso cada adminículo.
Ablusionó agua mineral con agua de rosas, pasó un papel tissú con suavidad para secar el excedente, abrió la ampolleta celeste que contenía un hidratante potente, lo esparció con suaves tecleteos con movimientos ascendentes en las mejillas, en forma de ocho en los párpados, alisó la frente y las comisuras de los labios, y palmeó enérgicamente sobre la barbilla. En el cuello, manos de seda para acariciarlo en abanico de abajo hacia arriba...
La concentración en la tarea era tal que parecía un rito. Y en realidad lo era: tanta dedicación, tanto tiempo, para no dejar escapar tan pronto a la juventud que ya estaba por filtrarse en los intersticios de los cuarenta ( lo pensó porque en ese momento el tema de Arjona que estaba escuchando hablaba de los cuarenta).
Unas gotas de colirio redimensionaron el brillo de la mirada, momentos previos a comenzar el maquillaje: un toque de base en frente y dorso de la nariz, mentón y mejillas; "el cuello también", le había dicho una promotora de Lancom "para que el rostro no parezca una máscara". La difuminó con unas esponjitas de látex que descubrió en Pozzi el año pasado (Las compró al por mayor: celestes, rosadas, blancas, verdes, redondas triangulares,chatas, voluminosas...). Con mirada de artista, eligió el iluminador del párpado que hará también de corrector de ojeras, aunque hoy usará poco: había descansado lo suficiente.Luego, las sombras grises que profundizó con un tono más oscuro en el pliegue del párpado superior. Vigiló que ambos ojos tengan simétricamente las pinturas y suavizó sus límites repitiendo el acto de difuminar con otra de las esponjitas.
Devolvió sombras y pinceles a su lugar y eligió uno de apariencia de estilete, con las cerdas prietas, en punta, finitas...Lo introdujo en el frasco del delineador y lo deja allí por unos minutos. Había olvidado que esa noche quería impactar pues sería la noche que decidiera su nueva vida.
Abrió un cajoncito de su coqueto tocador donde había guardado las pestañas postizas,.Tenía varios juegos de distintos largos y un par con brillitos como toque exótico.
Al sacar el estuche de las elegidas, vió debajo de él la imagen de la Virgen desatanudos.Se persignó, le hizo el ruego de siempre, y a continuación besó la medalla de plata que colgaba de su cuello.Cerró el cajón como si cerrara el de un tesoro, sonrió, y continuó con su trabajo: colocó el pegamento a las pestañas y con presición relojera las pegó a sendos párpados. "Increíble cómo pueden un par de pestañas realzar la mirada"... Disimuló el artificio pasando un trazo delineador, otra vez, poniendo su fina habilidad en la tarea.
Con lápiz rojo dibujó el contorno de la boca voluptuosa, y rellenó el interior con la barra labial. Quitó el exceso cerrándola sobre un trozo de papel absorvente.
Agregó polvo volátil y volvió a pintarla..."¡Perfecto!" -se dijo.
Introdujo el dedo índice en la boca, cerró sobre él los labios, y luego deslizó el dedo hacia afuera para liberarlo mientras eliminaba todo rastro de pintura sobrante que pudiera dañar la prolijidad de su aliño.(Pont Ledesma repetía este consejito cada vez que se presentaba en el programa del canal Utilísima; y en realidad era un tip útil y verdaderamente eficaz).Era un gesto de coquetería pero también, voluptuoso y que divertía.
Extrajo del portante unas especie de brocha con mango plateado y suaves pelos de marta que pasó por unos tintes rosados y luegó aplicó a sus pómulos para destacarlos. Hundió visualmente las mejillas con un tomo más oscuro, emparejó las tonalidades con otra esponja y luego con un cisne, terminó con una cubierta de polvo volátil en todo el rostro y el cuello.
Retocó las cejas peinándolas hacia arriba y destacar su arco pronunciado. Eran el marco perfecto para esos ojos selváticos que Dios le había regalado.
Apretó del difusor del antitranspirante y esperó que se secaran las axilas.

Con los brazos en jarra, entró al vestidor. No perdería tiempo buscando qué ponerse pues su apego a la puntualidad le hacía disponer todo con suficiente anticipación.
Allí también había un espejo inmenso.
Antes de colocarse el sostén de encajes, apreció la turgencia de sus pechos... El cirujano que las operó se había esmerado en dejarlas naturales. Calzó las tazas en cada "lola" abrochó en la espalda y apreció el contraste del encaje negro sobre la tonalidad apenas bronceada de la piel.
Como si alguien observara, izó las bragas con la coquetería sensual de un buen espectáculo de "striptease".
_"Cada vez vienen más breves", pensó mientras trataba de ajustarla correctamente. Sus nalgas, aparecieron redondas y duras...("¡Qué mal había pasado aquél postoeratorio de varios días boca abajo!" Pero, valió la pena.)
Se puso el porta liga efectista y las medias transparentes del color de su piel. No quería parecer una puta barata completando el atuendo con medias negras. Mas, el portaligas, sí.Era infalible el valor agregado que tan diminuta prenda tenía.
Con igual sensualidad deslizó desde abajo hacia arriba el vestido escotado que marcaba la silueta. Cerró la cremallera del cierre en la espalda, y pasó las manos sobre la seda roja para causarse cierto estremecimiento de placer.

No toleraba su cabello... era un motivo de complejo que no podía superar. Afortunadamente, estaban las pelucas... Sí. Allí estaban ellas, enfiladas las cuatro sobre sus cabezales de tergopol, los cuellos larguísimos, damiselas pálidas que de un tirón podría convertirse en calvas.
Eligió la de siempre: la melenita negra, brillante, que destacaba el verde de sus ojos.(Morocha y de ojos verdes: un ícono en la fantasía masculina más cálida que la rubia de ojos claros que si era natural era más desabrida que una hostia).

Miró el reloj mientras se lo colocaba en la muñeca: faltaban quince minutos para la cita...Una turbación le sacudió las entrañas.Se sonrió para darse coraje. Cuántas veces hizo lo mismo. Pero esta vez, era distinto. Tenía que lograr cobrar más que nadie.El motivo era suficiente como para tolerar al viejo empresario que hacía rato asediaba con llamadas telefónicas y ramos de flores y ofertas varias.

Lo había aceptado hacía ya tres semanas y se habían encontrado en un departamento que sin mucho miramiento se lo había puesto a su nombre esa mañana. Después de todo, el hombre tenía sus años y algunos encantos: olía bien, era galante, sabía esperar, y respetaba - aunque sea sexo por contrato- . Eso halagaba.

Prácticamente se baño en una ola de "L'Air du temps" de Nina Ricci, tomó su bolso, se cubrió con un abrigo liviano para disimular el gran escote,y recién se calzó con las sandalias altísimas que había estrenado la semana pasada.
Obsequiándose una mirada aprobatoria final,se calzó los guantes .

Cerró la puerta del departamento y llamó al ascensor... "ocho minutos... faltan ocho minutos"...

Ya en la calle, arrancó silbidos de admiración a su paso.

...Tres cuadras, y allí, en pleno Barrio Norte, estaba la limusina, que no era alquilada para impresionar, y que esperaba por su su compañía y su sexo.

Subió cuando la puerta le fue abierta invitando a entrar.
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Recorrieron un buen trecho sin hablar.
Las luces de las calles recortaban como relámpagos, tanto la oscuridad del interior del automóvil, como su espeso silencio.

Cuando el hombre comenzó con los apremios y las caricias, cedió y simuló calentura que más tarde fue genuina.
El hombre susurraba al oído algo como "hagámoslo ya, aquí"...mientras manoteaba todos los lugares que deseaba.
También casi en secreto le contestó aceptando, hablándole al oído, lanzando su aliento tibio deliberadamente sobre el pabellón de la oreja, permitiendo que los labios le rozaran con suavidad y exigió con mohines,que el chofer se retirara.Que comenzaran el juego desde el principio.

Accedió el millonario, ya exitado y sin poder casi dominar sus impulsos.

No llegaron a un acuerdo con el precio de la noche, pero el juego continuó.En realidad, para el cliente, era una manera más de subir los grados de su pasión. Sentir cierto poder sobre quién le prestaba el servicio, aunque esta putita le gustara más que las otras y le tuviera que regalar un 0 kilómetro mañana mismo.Indicó al chofer que estacionara y lo envió a un bar cercano hasta que lo llamara.

"Papito, quiero champan"... "Vamos a bebérnoslo todo"... "Yo te lo daré en la boca "... "Así, con mi aliento, con mi saliva"..."Vamos lento, dejame que te yo te lleve"...La lengua recorría la piel del hombre deseoso de dar lugar a sus urgencias.Pero se entregaba a las propuestas de la pareja. Había comprendido que se trataba de prolongar el momento...Y divertido cerró los ojos inspirando y llenando sus pulmones con el perfume de Nina Ricci que le golpeaba en el punto justo del placer.Le divertía saber que al día siguiente, en agradecimiento, estaría firmando un cheque en la concesionaria de Peugeot.
-Un polvo de éstos, bien vale "la atención".

Sentía en el interior de su boca la delicia del champán .Alcoholizarse ambos. Era necesario. Tenía que tener al vejete en un puño, y a la vez tomar el valor necesario para terminar esa noche como había planeado.
La verdad era que la calentura estaba en ambos, pero gozaría sin perder de vista sus planes.

Se montó sobre la falda del hombre mientras éste le pedía que lo tocara "ahí", por favor...Sonrió con malicia, levantando sus manos enguantadas y apretándose más a él, pelvis con pelvis.Tenía otros planes.Lo haría de otro modo: más enloquecedor, y dejaría sus manos enguantadas como fetiche... Lo convencería que así era mejor.
Y descendió su boca hasta la intimidad del hombre ...y dejó que éste hiciera con sus dedos lo que quisiera por donde quisiera. Le gustaba.

Curiosamente, junto a la lujuria, se exaltaba el motivo de su noche . Sentía que la adrenalina le borraba todo rastro de pudor. Enloqueció pensando en cuánto dinero le hacía falta para cumplir su objetivo en el plazo previsto. Los latidos de su corazón se expandían vertiginosamente. La mente tenía sólo dos pensamientos que laceraban: placer y objetivo, objetivo y placer...mientras, se movían violentamente y los olores animales anulaban a los carísimos producidos en laboratorios,comenzó a apretar el cuello del hombre hasta sentir crujir los huesos entre sus dedos. Una mirada de estupor fue lo que más recuerda del ricacho.
Le sacó el Rólex, la pulsera de oro, el anillo de brillantes, desnudó su billetera, sacó doláres y pesos argentinos, la tarjeta - por las dudas - birló una botella de champaña, y llamó a un remisse a la espera en la esquina de la otra cuadra...

-"A Ezeiza", ordenó.

Ya en el aeropuerto internacional, llegó a tiempo para hacer los trámites pre vuelo.
"Lan Chile anuncia a los señores pasajeros su vuelo a Santiago"....pasajeros por puerta 15...
Se apresuró a entrar en la manga y subir al avión.
Ya en el cielo, Pablo se distendió. Pidió al comisario de a bordo una copa, y que le abriera la botella de "SU" champaña.
Comenzó a soñar su vida nueva sin el odiado apéndice que colgaba muerto en la zona exterior de su futura vagina...

- "¡Salud!" _ dijo al joven comisario. Éste, por cortesía, respondió:"¡Salud!

miércoles, 3 de octubre de 2007

No te muevas por la chusma

Me hablas por teléfono y me cuentas que has descubierto la pobreza. No porque a ti te toque en la vida misma, sino porque de una vez y, ojalá fuera para siempre…(Quiero creer, pero algo se resiste dentro mío), has abierto los ojos.

Tal vez has acusado el crudo puñetazo de la lágrima omnipresente dentro de unos cientos de ranchos...Allí, donde nuestro río lame las costas ocultas entre basurales y podredumbres, y los cerdos comparten aventuras con niños de vientre como proas y palillos que sostienen su andamiaje frágil.

Ensayas la congoja y alguna que otra lágrima, para el póster que te entrone como santo protector pasajero,en tiempos de promesas previas a las horas de las urnas.

Me dices, que reniegas de tus correligionarios:..." porque hasta ahora no han hecho nada para provocar lo contrario a la tragedia cotidiana en tantos rincones de la patria". Que estás furioso. Qué no comprendes cómo… Pero que te adentras en el sistema para luchar desde sus entrañas. Que vas a hacer de la bravura, tu estandarte.

Te escuchaba con la desconfianza que hace mucho he asumido como propia, mientras recortabas tu discurso con esa tos que te caracteriza, en aumento franco porque cada vez consumes más de esos puros que te traen de Centroamérica, y que – tú lo has dicho – morirías si alguna vez, alguien te los cambiara por esos cigarritos de mierda que se fabrican en este país…¡ ESTE PAÍS!… Como si no fuera NUESTRO país… El tuyo y el mío..y el de esos nuevos ejemplares que has descubierto en los viajes de campaña, a la caza de votos a favor…

Es la medianoche bien pasada.Sigues predicándome al teléfono.Sé que te has cargado ya dos o tres buenos whisikies , y que como tienes “cultura alcohólica”, abrirás más tarde, un vino que buscarás en la cava con aire de experto, y subirás a la sala donde los consecuentes de siempre, liban de tu fortuna y aprovechan tu eterno pavoneo, para esquilmar la riqueza que alardeas y no forjaste.

Te imagino inflamado de promesas, ensayando un discurso altisonante, cargado de mentiras, mientras acaricias a tu querida de turno, y esfumas por largos momentos la aflicción de hace un instante…

No puedes con tu genio, y con la lengua que se te desanuda gracias a la perdida cuenta de las copas que bebiste, se te desmadra la costumbre de provocar la envidia con artificios materiales, y caes en la cuenta que la 4x4 que compraste hace exactamente seis meses, ya está obsoleta.Haces agua en la boca pensando cómo podrás conseguir la ultimísima provista de GPS , por supuesto, de otro modo que "no sea por derecha", haciendo uso del poder que ya cuentas de antemano…

Ha terminado tu ataque de tos y componiéndote, me dices: “te juro, hermana ,que esta pobre gente va encontrar en mí el paradigma de la honestidad y la justicia”
(-¿De dónde carajo te arrogas el derecho de llamarme hermana?... Mis padres despertarían de la tumba para volver a morirse nuevamente con sólo ver que pretendes caerme simpático con eso de hermana).

Oigo que alguien se aproxima y te habla mientras sigues tratando de convencerme que has cambiado. Que de pronto un halo angelical envuelve tu persona e impregna de pureza y beatitud cada acto que acometes.

La voz vuelve a insistir, y tú sigue allí, con el discurso; empujando en las terminales de mis oídos, tratando de imprimira fuego en algún lugar de mi cerebro.

La voz insiste elevando el tono hasta sacarte de quicio. Seguro que se te cayó el disfraz de bueno y la careta bondadosa, porque le gritaste sin delicadeza alguna:
_¡Dejáme de joder! …¿No sabés distinguir a la gente? ¡Qué te vas a poner a atender a ese negrito de morondanga! ¡Que vaya a trabajar si quiere remedios para quién sea!

Acto seguido, como si nada, carraspeaste, y retomaste tu monólogo para concederme la palabra.

-¿Me vas a votar, Diana?
- No. No te voy a votar…

De repente se escuchó perfectamente a través del teléfono como una explosión y ruido a desorden, gritos y reclamos…
- ¡Alcáncenlo! ¡Es ese negro estúpido que venía armado!
- Otra voz desconocida le decía ( parece que al que hacía rato estaba llamando la atención “al candidato”) : ¡Estúpido! ¡Vos, qué tenés que conmoverte con la chusma, tenés la culpa!...

Se percibía que desorden se hizo mayor…
-
La sirena de una ambulancia y de la policía recortaron la oscuridad de la noche.

Continué amarrada al teléfono sin comprender... comprendiendo…

Imagen: Juanito Dormido. Antonio Berni

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Era una dama aquella, con dosel y todo.
El pelo era una mata impenetrable. Tenía brazos simiescos y un par de piernas pesadas y de tamaño monumental.
Uno la veía venir o la observaba irse, y siempre evocaba a esas camas de las damas de los tiempos del feudo :oscuras, enormes pero, protegidas por todos lados.
En aquellos tiempos, esas camas servían para violar candados de castos, con la copia de la llave que el "Señor" guardó celosamente...

paradoja: esta dama que refiero, nunca tuvo un voluntario violador ni un santo marido que le urgiera la pasión.

martes, 17 de julio de 2007

Blancura en un pueblo azul



Yo crecí entre montañas, en un pueblo de la provincia de Córdoba, Argentina, llamado Villa Dolores.
Siempre lo llamé
Mi pueblo Azul
.Indudablemente, por el color que se ven las montañas desde el valle San Javier, donde está la Villa.
Rara vez nieva en Villa Dolores. Es más... recuerdo vagamente un intento de vive en los años 60.
Pero,por un día, se convirtió en una postal distinta; lo exótico llegó en un invierno gélido para cambiar momentáneamente el paisaje.
He aquí una serie de fotografías obtenidas por mi amiga Graciela Inés Ortiz.



La plaza de mi infancia.



El Balneario, a una cuadra de mi casa (abajo)



La plazoleta que antes fue llamada de los poetas y hoy lleva el nombre de quién gestara los encuentros internacionales de poeta en Villa Dolores:Guiñazú Álvarez



En esta
Plazoleta de Los poetas
, leí alguna vez mis poemas.
Los postes son restos de árboles recuperados de los restos que dejó una gran inundación. A su vez, se les anexaron fragmentos de poemas en maderas obtenidas del mismo modo.

lunes, 7 de mayo de 2007

El Tío Obdulio

La lluvia se ha desmadrado desde el cielo. Buscan refugios los gorriones y las gentes.
................
Un metrónomo suena constantemente. Es, por supuesto, monótonamente rítmico.
Su compás musical perfecto, tiene un son extraño; y desde la sala de música no se oye otra cosa.
Ni el arpa con su dulzura, ni el nostálgico violín. Tampoco el pianista, tocando a Chopin...
Sin embargo, el tiqui, taca; tiqui, taca, continuaba sin pausa...
Presté atención: nada más que la isotonía metronómica:...Tiqui, taca: tiqui; taca...
Me levanté para averiguar qué había pasado allí dentro.
.......................................................
¿Y el músico? (Que en realidad era mi tío Obdulio)... ¿Que gastadas horas estaba derrochando? ; ¿Habrá sufrido un ataque de apoplejía?, ¿El arco del violín lo habrá atravesado con su doloroso llanto?, ¿El arpa lo sedujo tanto que a las cuerdas sucumbió amarrado?, ¿o el piano con su inmensa boca lo habrá tragado?

Mi mente imaginaba monstruosidades que me hacían reír de mis mismas locuras..

El tío era ya muy viejo y solía, a falta de interlocutores, dialogar diariamente sólo con sus instrumentos.
En sus largas horas de práctica musical, luego del desayuno parsimonioso,la pasión lo consumía... "Es que tengo tres amantes exigentes y a todas les debo mis horas de caricias", decía el tío Obdulio cada vez con más tono de certeza que de broma... (yo pensaba que mi tío se estaba volviendo un viejo reblandecido porque él no era de andar con picardías y nunca se le conoció pasión alguna por una mujer ).
Pensándolo bien: tío dijo "amantes" y hay dos masculinos en su lista... ¿No será el tío bisex...? (No! No, No, No! Qué mal pensada soy!). Y mientras me recriminaba por mis malos pensamientos admiré la capacidad de Tío Obdulio para obtener las vibraciones más altas, las graves gravísimas.... El potencial encerrado en cada uno de ellos, liberados por el arte magistral del ejecutante.
.......................................................................................................
Apenas mis ojos alcanzaron el hueco de la ventana, vi el banquillo del piano vacío y la tapa del instrumento cerrada...
Tío la había bajado sin fijarse que la manga de la camisa sobresalía de la cerradura del negro aparato.
_ Protesté: ¡Esa maldita costumbre de sacarse la camisa (en verano por supuesto) y limpiar las teclas con ella!
Miré hacia el rincón donde, tal como lo dice Bécquer debía estar el arpa. En ella, el pantalón del tío músico lucía entrelazado entre las cuerdas (¡Esto es el colmo! Ahora, hasta el pantalón para lustrar las broncíneas cuerdas!)

Sin olvidar el motivo por el que me había acercado al templode la música, me dirigí hacia donde estaba el metrónomo.
Cada vez más nítido su tiqui, taca. ..
Mi sorpresa y curiosidad fue mayor cuando vi el péndulo del aparatito en absoluta quietud.

El tiqui, taca seguía oyéndose clarísimo.
Desde el punto donde me hallaba, pude registrar mejor su procedencia: giré la cabeza para averiguar qué rareza estaba ocurriendo: y alcancé a ver cómo un gorrión - que seguramente había entrado para refugiarse del aguacero -, picaba sobre la bandeja de metal, donde quedaron restos de pan del desayuno.
Para no asustar a la avecilla reprimí la risa. Me acerqué en puntas de pie, la tomé entre mis manos y me dispuse devolverla a donde había venido.

Había cesado de llover. De manera que, decidí expulsar al pequeño pájaro sin remordimiento, flanqueando la larga mesa vestida con un largo mantel. Después iría a ver si tío necesitaba algo. Tropecé con algo y caí tontamente de bruces, dejando que escapara el gorrión. Al darme vuelta para impulsarme, vi al tío que yacía debajo de la mesa. Pensé que otra vez se había pasado con su licor preferido, excusa de calentamiento en el invierno, y en verano apurador del sueño.

Una vez más, como tantas, tendría que arrastrarlo hasta a habitación.(este hombrecito me está dando demasiados problemas)
El cariño pudo más que mis protestas.Alcé el mantel para doblarla sobre la mesa y abrir el campo de acción.Ya tenía bastante práctica: le tiraría de la mano que asomaba hasta que su torso aparezca fuera de dificultades.
Tiré con delicadeza pero vigorosamente. A segundos, el cuerpo desnudo del hombre apareció blanco y exangüe. Mis horrorizados ojos vieron claramente cómo, el arco del violín le atravesaba el pecho.

martes, 1 de mayo de 2007

APRENDIZAJE


Esta última vez, vio tan torba su mirada, tan de astucia traicionera, quese le erizaron los pelos.

Vio dentro de aquellos ojos un secreto deseo de venganza.Un brillo escabroso de infierno.El mismo que había visto una vez lejana, cuando se encontró frente a otra bestia similar: dispuesta al zarpazo. Buscando sangre hasta destruir a la víctima.Esa intolerancia irreprimible por descubrir superioridades por encima de las propias. Envidia, que le dicen...

El cerebro elemental de quién era el otro en la contienda le rogaba:"precaución"...

La piel se le humedeció de golpe.Un derrame inusual de adrenalina despachó latidos enloquecidos. Parecía írsele a escapar el corazón.

Algo se quebró en su interior con ruidos de cristales.

Gimió mentalmente, mientras cerró las puertas en sus narices, para siempre.

martes, 24 de abril de 2007

INSEPARABLES

Habían comenzado la vida casi juntos. Ya no sabían cuál era la diferencia temporal entre ellos y poco importaba; tan estrecha era su relación.

Cuando el calor agobiaba, los dos lo sufrían por igual: la misma sensación de agotamiento, igual debilidad y desesperación por algo que los aliviara.

Cuando era la estación de las heladas, ambos se acurrucuban o se aproximaban más para brindarse abrigo, insuflarse un poco de tibieza,y se lamentaban no poder tener un a manta para aliviar esa sensación punzante que atravesaba el ser.

El hambre, tambien. Y la sed... Exactamente igual. Un calco uno del otro...

Y sentirse desamparados y pobres.

Pero la frustración no alcanzaba para hacerles disminuir la fortaleza de ese abrazo que al juzgar de los vecinos era exageradamente extraño.

Daba envidia verlos: Siempre estrechándose, a la vista de todos, como para reafirmar que el amor es lo que vale, y nada más...

_Mientras el cronista hablaba, el cameraman tomaba imágenes dando un rodeo al "capricho de la naturaleza": una enhiesta palmera en cuya estructura había desarrollado desde la raíz y abarcando parte del tronco, un árbol de otra especie que al terminar su tronco se bifurcaba en dos ramas que abrazaban el cuello de la palmera y se izaban en ramificaciones menores hasta acariciar el flequilludo penacho de la planta tropical.


NOTA de la REDACCION: a este post no lo ilustré, pues la imagen era demasiado elocuente. Para verificarlo ir a este vínculo
Un abrazo a todos.

sábado, 21 de abril de 2007

EXTRAÑEZA


La puerta entreabierta dejó filtrar un rayo de luz. Lo curioso era que éste no se dirigía en línea recta ni se quebraba en fracciones igualmente angulosas. Era un haz de luz extraño: lleno de líneas curvas como ésas que tanto usaron los dibujantes de los firuletes porteños en los adornos de sus camiones tangueros.
Era un rayo de luz que se derramaba.
Era un rayo de luz que se derramaba y seguía su luminiscencia sin final, volviendo y enredándose en sí mismo, adelantando algunos pasos y retrayéndose hasta la puerta de aquella habitación, donde había ingresado el inquilino, famoso por su afecto al alcohol.

miércoles, 11 de abril de 2007

Mañana somnolienta

Al Caribe le había ganado la haraganería.
Continuó acostado, percibiendo su respiración medida, constante, rítmica...
El calor le agregaba sopor a la mañana...
Entraba de a ratos en un sueño profundo, en el que todo lo que lo rodeaba desaparecía. Y en otros, una lucidez algodonosa le traía a la conciencia el trajinar de la casa.
Deseó que todos hubieran seguido durmiendo. Le molestaba el ruido del mal llamado plumero con el que la mucama atacaba las varillas de las celosías a esa hora tan temprana. Parecía que con bronca, las castigaba con las tiras de trapo atadas al palo de un antiguo y verdadero plumero. Antes, había corrido las lonas del toldo, haciendo deslizar las cuerdas por unas roldanas. Lo había hecho con tanto vigor que lo había despertado.
Odiaba a Doña Mary, la mucama. Siempre andaba haciéndose notar con cada una de las tareas, en cualquier lugar de la casa.
Además, se creía la autoridad cuando el patrón no estaba, y lo mandoneaba y lo zamarreaba cuanto quería en ausencia del dueño de casa.
Lo tenía harto.
Hoy, no le llevaría el apunte para nada. Dejaría pasar sus rezongos...
¿Y si volvía a blandir sus chancletas?...mmmmmmmm. Dudó. No estaba muy seguro de poder mantenerse indiferente.
La mujer ya había quitado el polvo de todas las persianas, ya había baldeado los patios de laja, y se disponía a limpiar y ordenar el interior de la casa.
Los ruidos se sentían con mayor potencia, por supuesto; tanto como para no volver a conciliar el sueño. Pero, seguiría ahí, tranquilito, en su amodorramiento. Hasta que la vieja comenzara con su perorata y sermones...
Sintió los pasos que se acercaban. Se arrellanó más en su posición de rebelde adormidera.
De repente, vio la figura enorme de Doña Mary que, agachada, aparecía por debajo de la mesa donde había decidido pasar la noche...
Una vez más lo sacó a escobazos. Pero, ahora, sería distinto:...En cuanto Mary intentó tomarlo del lomo, le tiró un tarascón, y otro, y otro...hasta quedarse con la mano de ella en la boca...
La mujer gritaba desesperada de dolor, pedía socorro, mientras veía cómo el perro comía su mano... Cómo desaparecían los dedos dentro de la boca del animal...
Los vecinos no quisieron darle la razón a la mujer que terminó en un manicomio.
La policía había encontrado como prueba que la mujer había estado moliendo carne: "Era lógico: la mujer había tenido un accidente en la operación y de la bronca que le tenía al animal transfirió la culpa".
El Caribe movía la cola contento cada vez que un policía o un vecino le acariciaba la cabeza.
"Pobrecito", le decían... "Siempre aguantó a esa loca"...
-"Vas a ver, pichicho, ¡ya vas a vivir tranquilo!"...
El Caribe, entró nuevamente a la cocina, eligió el lugar debajo de la mesa, y se dispuso a hacer la digestión más tranquila de su vida.

jueves, 15 de marzo de 2007

Una noche importante


Imagen: Alegoría de la lujuria. Bronzino.1545

Se calzó los guantes para ocultar una vez más, la tosquedad de sus manos; desentonaban con el resto de su figura.
Antes, se había acicalado con esmero, luego de haberse dedicado por entero a la depilación (Ya quedaban pocos rastros gracias a las técnicas definitivas).
En el baño había puesto un espejo de cuerpo entero, de tres hojas, para no perderse detalle. Sobre el cristal azogado, y a su alrededor a modo de marquesina, luces potentes. No quería tener piedad con sus imperfecciones.
El baño era su "bunker". Allí se pasaba más tiempo de lo que la familia consideraba prudente.Pero, se lo toleraban porque la modernización de ese lugar había corrido por su cuenta y la casa adquirió categoría...(cuando no estaba,sus hermanas se ufanaban ante las amigas mostrando la lujosa "zona de placer").
Untó su rostro y todo el cuerpo con las cremas "Charles of the Ritz",aconsejadas por la experta de belleza que se los vendía.Eran caras; de manera que se exigía siempre trabajar sobrehorarios para mantener sus caprichos.
Mientras la oleosidad penetraba por los poros de la piel para darle suavidad de seda, acercó una banqueta donde puso las toallas y el albornoz para usarlas luego del baño.(Siempre blancas. Impecables. Odiaba esos colorinches modernosos que disimulaban cualquier bochorno).
Se recostó sobre el tapiz que cubría una camilla de madera,colocó un fresco y pesado antifaz sobre sus ojos, encendió el reproductor musical y se dedicó a dormitar con los pies algo más elevados, hasta que sonara la campanilla de leve timbre anunciando que el agua en la bañera había llegado al nivel programado.
Al oir la alarma, sin alterarse, se levantó del lugar y metió primero sus manos en la gran pileta para verificar la temperatura.Tomó un frasco con líquido ambarino y derramó parte de él en el recipiente donde reposaría otra media hora mientras los chorros del sistema "jacuzzi" masajearan con distintas intensidades cada rincón de su cuerpo. Agregó unas bolsitas de lavanda, pétalos de rosas, sales perfumadas y un gel espumante.
"¡Aaaaahhhh!¡Qué placer! ... Se dijo susurrando, dejándose llevar a la nada: nirvana personal que había logrado para sí.
Los chorros removían el agua deliciosamente y la espuma de las sales habían creado un lago de burbujas que irisaban la superficie móvil de la tina.
Soñó con escenas de la Grecia antigua y con fornidos y sudados romanos tal vez por las imágenes que se había representado en la lectura de "Félix de Lusitania" (Últimamente, se le daba por leer novelas históricas como recurso para saber Historia sin la pesadez de ella misma... Podría hablar con la gente sin que se percibiera demasiado lo superfluo de sus conocimientos).
Las figuras masculinas se sucedían hasta convertirse en una tentación libidinosa.Guardó las pulsiones que le exigían caricias y satisfacción pensando que de esa manera iba a ser más eficaz en la cita de esa noche.
El impulso del agua comenzó a disminuir anunciando la quietud y el fin del baño.
Se quedó unos segundos, dejando afuera sólo la cabeza.Aspiraba con fruición los aromas que despedían las sustancias perfumadas.
Salió de la tina sintiéndose una deidad... como esas propagandas donde los cuerpos aparecen con gotas transparentes que lo recorren.Lo que vió en el espejo merecía aprobación.
Se envolvió en el albornoz y cubrió sus cabellos mojados con una toalla enroscada por sus extremos a modo de turbante.
Salió del lujoso baño sin haber pasado por el sauna (Nunca lo había usado en realidad)pues tenía el prejuicio que le produciría baja presión.
Comenzó entonces,la tarea de artesanía: embellecer sus rostro.
Con la propijidad reconocida, dispuso cada adminículo.
Ablusionó agua mineral con agua de rosas, pasó un papel tissú con suavidad para secar el excedente, abrió la ampolleta celeste que contenía un hidratante potente, lo esparció con suaves tecleteos con movimientos ascendentes en las mejillas, en forma de ocho en los párpados, alisó la frente y las comisuras de los labios, y palmeó enérgicamente sobre la barbilla. En el cuello, manos de seda para acariciarlo en abanico de abajo hacia arriba...
La concentración en la tarea era tal que parecía un rito. Y en realidad lo era: tanta dedicación, tanto tiempo, para no dejar escapar tan pronto a la juventud que ya estaba por filtrarse en los intersticios de los cuarenta ( lo pensó porque en ese momento el tema de Arjona que estaba escuchando hablaba de los cuarenta).
Unas gotas de colirio redimensionaron el brillo de la mirada, momentos previos a comenzar el maquillaje: un toque de base en frente y dorso de la nariz, mentón y mejillas; "el cuello también", le había dicho una promotora de Lancom "para que el rostro no parezca una máscara". La difuminó con unas esponjitas de látex que descubrió en Pozzi el año pasado (Las compró al por mayor: celestes, rosadas, blancas, verdes, redondas triangulares,chatas, voluminosas...). Con mirada de artista, eligió el iluminador del párpado que hará también de corrector de ojeras, aunque hoy usará poco: había descansado lo suficiente.Luego, las sombras grises que profundizó con un tono más oscuro en el pliegue del párpado superior. Vigiló que ambos ojos tengan simétricamente las pinturas y suavizó sus límites repitiendo el acto de difuminar con otra de las esponjitas.
Devolvió sombras y pinceles a su lugar y eligió uno de apariencia de estilete, con las cerdas prietas, en punta, finitas...Lo introdujo en el frasco del delineador y lo deja allí por unos minutos. Había olvidado que esa noche quería impactar pues sería la noche que decidiera su nueva vida.
Abrió un cajoncito de su coqueto tocador donde había guardado las pestañas postizas,.Tenía varios juegos de distintos largos y un par con brillitos como toque exótico.
Al sacar el estuche de las elegidas, vió debajo de él la imagen de la Virgen desatanudos.Se persignó, le hizo el ruego de siempre, y a continuación besó la medalla de plata que colgaba de su cuello.Cerró el cajón como si cerrara el de un tesoro, sonrió, y continuó con su trabajo: colocó el pegamento a las pestañas y con presición relojera las pegó a sendos párpados. "Increíble cómo pueden un par de pestañas realzar la mirada"... Disimuló el artificio pasando un trazo delineador, otra vez, poniendo su fina habilidad en la tarea.
Con lápiz rojo dibujó el contorno de la boca voluptuosa, y rellenó el interior con la barra labial. Quitó el exceso cerrándola sobre un trozo de papel absorvente.
Agregó polvo volátil y volvió a pintarla..."¡Perfecto!" -se dijo.
Introdujo el dedo índice en la boca, cerró sobre él los labios, y luego deslizó el dedo hacia afuera para liberarlo mientras eliminaba todo rastro de pintura sobrante que pudiera dañar la prolijidad de su aliño.(Pont Ledesma repetía este consejito cada vez que se presentaba en el programa del canal Utilísima; y en realidad era un tip útil y verdaderamente eficaz).Era un gesto de coquetería pero también, voluptuoso y que divertía.
Extrajo del portante unas especie de brocha con mango plateado y suaves pelos de marta que pasó por unos tintes rosados y luegó aplicó a sus pómulos para destacarlos. Hundió visualmente las mejillas con un tomo más oscuro, emparejó las tonalidades con otra esponja y luego con un cisne, terminó con una cubierta de polvo volátil en todo el rostro y el cuello.
Retocó las cejas peinándolas hacia arriba y destacar su arco pronunciado. Eran el marco perfecto para esos ojos selváticos que Dios le había regalado.
Apretó del difusor del antitranspirante y esperó que se secaran las axilas.
Con los brazos en jarra, entró al vestidor. No perdería tiempo buscando qué ponerse pues su apego a la puntualidad le hacía disponer todo con suficiente anticipación.
Allí también había un espejo inmenso.
Antes de ponerse el sostén de encajes, apreció la turgencia de sus pechos... El cirujano que las operó se había esmerado en dejarlas naturales. Calzó las tazas en cada "lola" abrochó en la espalda y apreció el contraste del encaje negro sobre la tonalidad apenas bronceada de la piel.
Como si alguien observara, izó las bragas con la coquetería sensual de un buen espectáculo de "striptease".
_"Cada vez vienen más breves", pensó mientras trataba de calzarla correctamente. Sus nalgas, aparecieron redondas y duras...("¡Qué mal había pasado aquél postoeratorio de varios días boca abajo!" Pero, valió la pena.)
Se puso el porta liga efectista y las medias transparentes del color de su piel. No quería parecer una puta barata completando el atuendo con medias negras. Mas, el portaligas, sí.Era infalible el valor agregado que tan diminuta prenda tenía.
Con igual sensualidad deslizó desde abajo hacia arriba el vestido escotado que marcaba la silueta. Cerró la cremallera del cierre en la espalda, y pasó las manos sobre la seda roja para causarse cierto estremecimiento de placer.
No toleraba su cabello.Junto con su manos, era un motivo de complejo que no podía superar. Afortunadamente, estaban las pelucas... Sí. Allí estaban ellas, enfiladas las cuatro sobre sus cabezales de tergopol, los cuellos larguísimos, damiselas pálidas que de un tirón podría convertirse en calvas.
Eligió la de siempre: la melenita negra, brillante, que destacaba el verde de sus ojos.(Morocha y de ojos verdes: un ícono en la fantasía masculina más cálida que la rubia de ojos claros que si era natural era más desabrida que una hostia).
Miró el reloj mientras se lo colocaba en la muñeca: faltaban quince minutos para la cita...Una turbación le sacudió las entrañas.Se sonrió para darse coraje. Cuántas veces hizo lo mismo. Pero esta vez, era distinto. Tenía que lograr cobrar más que nadie.El motivo era suficiente como para tolerar al viejo empresario que hacía rato asediaba con llamadas telefónicas y ramos de flores y ofertas varias.
Lo había aceptado hacía ya tres semanas y se habían encontrado en un departamento que sin mucho miramiento se lo había puesto asu nombre esa mañana.Después de todo, el hombre tenía sus años y algunos encantos: olía bien. era galante, sabía esperar, y respetaba aunque sea sexo por contrato.Eso halagaba.
Prácticamente se baño en una ola de "L'Air du temps" de Nina Ricci, tomó su bolso, se puso un abrigo liviano para disimular el gran escote,y recién se calzó con las sandalias altísimas que había estrenado la semana pasada.
Obsequiándose una mirada aprobatoria final,se calzó los guantes para ocultar una vez más, la tosquedad de sus manos.
Cerró la puerta del departamento y llamó al ascensor... ocho minutos... faltan ocho minutos...
Ya en la calle, arrancó silbidos de admiración a su paso.
Tres cuadras, y allí, en pleno Barrio Norte, estaba la limusina que no era alquilada para impresionar y que esperaba por su su compañía y su sexo.
Subió cuando la puerta le fue abierta invitando a entrar.
Recorrieron un buen trecho sin hablar.
Las luces de las calles recortaban como relámpagos tanto la oscuridad del interior del automóvil como su espeso silencio.
Cuando el hombre comenzó con los apremios y las caricias, cedió y simuló calentura que más tarde fue genuina.
El hombre susurraba al oído algo como "hagámoslo ya, aquí"...mientras manoteaba todos los lugares que deseaba.
También casi en secreto le contestó aceptando, hablándole al oído, lanzando su aliento tibio deliberadamente sobre el pabellón de la oreja, permitiendo que los labios le rozaran con suavidad.y exigió con mohines,que el chofer se retirara.Que comenzaran el juego desde el principio.
Accedió el millonario, ya exitado y sin poder casi dominar sus impulsos.No llegaron a un acuerdo con el precio de la noche, pero el juego continuó.En realidad, para el cliente, era una manera más de subir los grados de su pasión. Sentir cierto poder sobre quién le prestaba el servicio, aunque esta putita le gustara más que las otras y le tuviera que regalar un 0 kilómetro mañana mismo.Indicó al chofer que estacionara y lo envió a un bar cercano hasta que lo llamara.
"Papito, quiero champan"... "Vamos a bebérnoslo todo"... "Yo te lo daré en la boca "... "Así, con mi aliento, con mi saliva"..."Vamos lento, dejame que te yo te lleve"...La lengua recorría la piel del hombre deseoso de dar lugar a sus urgencias.Pero se entregaba a las propuestas de la pareja. Había comprendido que se trataba de prolongar el momento...Y divertido cerró los ojos inspirando y llenando sus pulmones con el perfume de Nina Ricci que le golpeaba en el punto justo del placer.Le divertía saber que al día siguiente, en agradecimiento, estaría firmando un cheque en la concesionaria de Peugeot. Un polvo de éstos, bien vale "la atención".
Sentía en el interior de su boca la delicia del champán .Alcoholizarse ambos. Era necesario. Tenía que tener al vejete en un puño, y a la vez tomar el valor necesario para terminar esa noche como había planeado.
La verdad que la calentura estaba en ambos, pero gozaría sin perder de vista sus planes.
Se montó sobre la falda del hombre mientras éste le pedía que lo tocara "ahí", por favor...Sonrió con malicia, levantando sus manos enguantadas y apretándose más a él, pelvis con pelvis.Tenía otros planes.Lo haría de otro modo; más enloquecedor y dejaría sus manos enguantadas como fetiche... Lo convencería que así era mejor.
Y descendió su boca hasta la intimidad del hombre ...y dejó que éste hiciera con sus dedos lo que quisiera por donde quisiera. Le gustaba.
Curiosamente, junto a la lujuria, se exaltaba el motivo de su noche . Sentía que la adrenalina le borraba todo rastro de pudor. Enloqueció pensando en cuánto dinero le hacía falta para cumplir su objetivo en el plazo previsto. Los latidos de su corazón se expandían vertiginosamente. La mente tenía sólo dos pensamientos que laceraban: placer y objetivo, objetivo y placer...mientras se movían violentamente y los olores animales anulaban a los carísimos producidos en laboratorios,comenzó a apretar el cuello del hombre hasta sentir crujir los huesos entre sus dedos. Una mirada de estupor fue lo que más recuerda del ricacho.
Le sacó el Rólex, la pulsera de oro, el anillo de brillantes, desnudó su billetera, sacó doláres y pesos argentinos, la tarjeta - por las dudas - birló una botella de champán, y llamó a un remisse a la espera en la esquina de la otra cuadra...
"A Ezeiza", ordenó.
Ya en el aeropuerto internacional, llegó a tiempo para hacer los trámites pre vuelo.
"Lan Chile anuncia a los señores pasajeros su vuelo a Santiago"....pasajeros por puerta 15...
Se apresuró a entrar en la manga y subir al avión.
Ya en el cielo, Pablo se distendió. Pidió al comisario de a bordo una copa, y que le abriera la botella de "SU" champan.
Y comenzó a soñar su vida nueva sin el odiado apéndice que colgaba muerto en la zona exterior de su futura vagina...
"¡Salud!" _ dijo al joven comisario.Éste, por cortesía, respondió:"¡Salud!

domingo, 7 de enero de 2007

No, Señor!


De vacaciones totales. El tiempo es màs impreciso que nunca.
He decretado el ocio. Tenderme al sol aùn en las horas poco recomendables. Guarecerme en el silencio bucòlico, roto solamente por el aleteo de algùn pàjaro , un suave trinar o un lejanìsimo inaudible bocinazo.
Me pierdo mirando por entre las rajaduras de las hojas de una palmera enhiesta que me vigila con amabilidad fiel. Su seno ha dado racimos de cocos pequeños, amarillos, delicia de las aves y algùn mono que se atreve a desafiar mi presencia.
Cuando otros descubren la fruta dulzona, se acercan y comparten luego de una discusiòn acalorada, al banquete ofrecido por la naturaleza.
Me divierten. Y los dejos romper el silencio, porque continuo en paz...
Es tal la limpidez de la mañana, tal la levedad del aire, tal el olor agreste, tal el ritmo del agua que se bate en la inmensa taza artificial construido en este campo,tal el color que merodea los dìas, tal la impoluta sinfonìa, que creo firmemente ser una hoja màs de esa gramilla bien cortada, vibrando al son imperceptible de la brisa matinal.O llego a creerme esa diminuta gota que se ha posado justo encima de la segunda falange de mi dedo mayor de la mano derecha.
Me desdibujo del mundo transpirado de smog.
Una nueva entelequia transmuta mi ser. Veo, el ojo de la langosta en su constituciòn plurifocal y a la vez, veo como ella, a la naturaleza. Pero no salto. Yo soy ahora esa inanimada cosa que es una salamandra petrificada por horas bajo el sol, despertando la curiosidad de quienes me observan.
Desde ella sè que me desplazo en la nube blanquìsima con forma de delfìn. Y puedo, reducida a un atòmo, ascender hacia el sol, abrazarlo, y avistar desde èl còmo en la tierra se suceden las cuatro estaciones.Verificar los sucesos diurnos y nocturnos por influencia de su luz.Fluir en uno de sus rayos - supuestos en las metàforas visuales del hombre - y errar por distintos medios gaseosos. Sentirme descender despuès de millones de años luz. Floto. El agua es agradablemente cristalina y fresca. Me dejo llevar. La corriente me aparea con otra entidad para mì desconocida. Caemos en un torbellino. Chocamos y nos separamos varias veces.Veo al ente minùsculo, irse... Y yo comienzo una inquietante transformaciòn...
Un inmenso iris hace que yo sea toda su atenciòn.
Una voz doctoral, ordena al grupo de humanos que pasen, observen y anoten...Yo sigo sufriendo incomprensibles transformaciones...
"De este modo, señores, pudo haberse originado la vida", dijo el profesor.
Big! BanG! Dijo un indisiplinado de la clase, mientras yo, en la plaqueta vìtrea me sonrojaba hasta ...¿las orejas? (¡QUè son las orejas?)...
¿Asì que yo, soy la culpable de todo?...¡Nooooooooooooooo señor!
_Sì, señor.
_Noooooooooooooooooooooo. (repetì) El SEÑOR! y señalè inexplicablemente y de alguna manera hacia arriba y hacia todos lados creando asì a DIos.

sábado, 21 de octubre de 2006

SORPRESAS

Esa mañana, cuando sus ojeras ya habían unificado su color marrón, se miró críticamente en el espejo, con luz profusa.
Su analítica observación la hizo decidirse: iría al médico esta tarde, sin delación alguna.
Transcurrió la mañana llena de pensamientos nada sombríos porque la ciencia médica, a estas alturas del siglo, todo lo soluciona.
Sintió una vez más las campanadas internas que resonaban en su cerebro como si tañeran a su lado ; las oía claramente. Un instante, duraban... Pero venían sin anunciarse.E inmediatamente,la ceguera... campanada, ceguera, luz, silencio, campanada, ceguera, luz, silencio....
Eran como una muerte y resurrección instantánea. Como un orgasmo mortal, -pensaba-, porque era un irse y volver. Y luego, con una sensación desagradable y preocupante.
Se estremeció;mecánicamente se tocó sus brazos como para arroparse.
- No hace frío, pensó...Y dejó de podar la bughanvilla fucsia.
No quería pensar. No quería tener conciencia de ello.De nada.
Luego de la siesta, preparó su atuendo impecable y lo dejó sobre el valet de madera, cuidadosamente ordenado.
Se bañó vigorosamente pasando el guante de crin por sus odiados rollitos de mujer madura y multípara. Hizo la palpación de sus senos... Frunció el seño, sacudió su cabeza como para espantar un fantasma, y salió envuelta en su albornoz blanco y en la cabeza, un improvisado turbante de toalla.
Extendió sobre la cama otras toallas grandes y secas, y se recostó para relajarse. Respiraba puntillosamente siguiendo los pasos de la costodiafragmática, tratando de poner orden en sus pensamientos que, anárquicos, aparecían como banderas flameantes cuando menos lo deseaba.
No pudo con su genio inquieto: cortó el ejercicio de relajación y buscó su depiladora eléctrica ( ¡que suerte haberla adquirido!) dispuesta a sacarse los escasos bellos de sus piernas, axilas y pubis..."pubis angelical", le habían dicho una vez...y una sonrisa triste se asomó a su rostro.
Humectó su cuerpo a las disparadas, como si le molestara reconocerse en la vejez que se le venía encima.
"Vivir cien años... La ciencia puede hacer que vivamos cien años... pero yo quiero los cien años como el de esas gentes que se pagan celuloterapias y estadías en spas carísimos, y masajistas, y que toman antioxidantes, y que no les duele nada... "Actitud de vida"
- "Actitud de vida de gente que suda oro y dólares". " Ma qué actitud de vida la mía, peleándola todos los días para resistir!..." "actitud de vida!... Psh!"
Mientras, se vestía con cierta rabia.
Llamó a un remisse, y pidió que la llevaran a lo del médico.
- Hola.Buenas tardes, Doctor
- Hola. ¿Qué la traé por acá.
- Bueno, mire... Resulta que...yo... eee...
- A ver... Quédese tranquila. La voy a auscultar...Respire hondo...Mj,Mj,Mj... Voy a tomarle la presión. Trajo los análisis que le pedí? y el electro? - Aquí están, doctor.
- MMMMM a ver, mmmm. MJ.Mj.Mj.............

Y el silencio enorme de los consultorios caía con su peso pegándose a sus espaldas.
Observó cómo el médico dejaba de lado las hojas donde se describía su interior. O parte de su interior.y se puso en atención de escucha.
Le preguntó por todo lo que sentía.
Ella le respondió refiriéndo todo: lo que sentía, lo que sospechaba, lo que no quería que se confirmara.
El galeno, hizo oídos sordos a sus deseos manifiestos de no dar importancia y ordenó: biopsia de epitelio "para asegurarnos que no es nada".
- Y estoy escribiendo el pedido de una tomografía computada del cerebro, le dijo.

Ella percibió un revuelco en el estómago y que la angustia le ahorcaba fuertemente tráquea y esófago...Pero no dijo nada.

El médico, poco menos, la emplazó para la fecha de la nueva tomografía no sin reprocharle con cierto afecto el descuido en el que estaba cayendo.

Volvió a su casa, sabiendo que una nueva agonía se disponía a habitarla, al menos hasta el resultado de sus estudios.
Mientras, sus ojeras seguirán ampliando territorios

lunes, 9 de octubre de 2006

Para tener en cuenta

El sol iba debilitándose... Bah!, No es el sol el que se debilita, sino que por esa maldita costumbre de dar vueltas que tiene la Tierra. cada tantas horas no permite que el sol siga su presencia por aquí.Ella sale de paseo, y nosotros, ¡a cambiar el ritmo por unas horas!. Aquí hace ahora un poco más de frío, de modo que tendré que procurarme calorías extras para poder dormir un poco más tranquilo...Es fácil: recorrer un poco el ambiente, andar más vigilante, y ¡zas!°, ¿No lo dije?...Si la naturaleza nos pone al alcance de cualquiera, los frutos para sobrevivir... ¡Es cuestión de darse maña!...
A metros míos, estaba mi sustento...Y hacia allí me dirigí tan raudo como pude...
¡Caramba!, no era tan fácil ... Tironeo y tironeo y la presa no es mía. No sé si lo correcto es decir que se me hacía agua la boca, pero he escuchado esa frase por ahí...
Insisto... No puedo arrancar la deliciosa fruta,A pesar de oponer toda mi fuerza .
Sorpresivamente, siento un profundo dolor que me atraviesa... Quizás una espina... Pero, inmediatamente, soy arrastrado (Tampoco sé si el término es correcto dado la circunstancia en que me encuentro)como si desde el pinchazo hubiera un cordel que tira de mí. ¿Qué monstruo es el que melleva haciéndome perder el equilibrio? Sufro. Me duele el cuerpo...Me debato,lucho, me resisto. EL monstruo agazapado, no emite ruido alguno.El muy ladino, me sume en la confusión amparado por la oscuridad.Por fin, intento con un gran salto hacerme clara la situación.La luna es la única lumbre,con la luz suficiente para reconocernos en medio de la noche.Por una fracción de segundos cruzamos la mirada víctima y victimario.Le arranco un sonido que no entiendo del todo pero parece de júbilo, y comprendo: soy su presa... su trofeo.
La desilusión me convierte en furioso animal y me bato en duelo...Intento algún modo de zafar... Me cuesta. Mi enemigo había tenido el privilegio de atacar primero, de encontrarme sin defensa, confiado. De ése modo, él contaba con ventajas. Me hice el muerto...Dejé que me arrastrara sin resistencia...y cuando consideré que ya era suficiente, lo sorprendí de tal modo, que logré soltarme a pesar de las heridas.Y me batí en retirada... A una buena distancia, todavía se escuchaban las puteadas de mi agresor... Yo reía de puro contento. Conservar la vida, es una aventura que repito noche a noche en mi avatar.Nunca había caído preso de una anzuelo. Ahora, ya sabía... ¡Ni soñando me tentaría una lombriz ensartada en un gancho de metal!... Ni ahí!....(Como dicen los chicos de mi litoral)

jueves, 5 de octubre de 2006

Una noche más, una mujer más...

"Entre tu verdad más honda y yo, hay otra hondura llena de tajos cosidos débilmente. Me desangro y se me vuelvo volátil lo que fue un día”. Dijo ella imitando a la actriz de la telenovela de moda.
Él, la miró con desprecio...Sonrió enigmáticamente .... Ésta es otra mina “melodramatizándome” por no aceptar que la dejo. Que se vaya a la mierda. ¿Qué se cree?. Venirme a mí a darme consejos de cómo vivir... Qué se vaya a la mismísima mierda. Qué me importa su cargo de morondanga ni sus alardes de no sé qué y no sé cuánto... Bien que le gustó pasarse una noche gritando como una yegua (Las yeguas gritan?...- Las yeguas que yo conozco, y he conocido muchas, sí-.).
Aquélla noche, si bien no dí lecciones, las cosas se hicieron a mi modo y le gustó. Cómo le gustó. Aproveché a la mina, que estaba necesitada, parecía. Desde hacía días, sus intencionadas miradas, cargadas de ese no sé qué que tienen las mujeres calientes y deseosas, se confirmaron en lo que yo entendí como mensaje de “te tengo ganas...” con los roces que no fueron casuales... y se convirtió en certeza cuando me pidió que fuera a su casa para que le mostrara cómo manejar un programa de su PC... Recuerdo que hacía frío. Bastante como para mantener encendido los leños del hogar, y servir un whisky, dos, y más... A la hora del atardecer , fui. Sábado, cuando la luz se apresura a irse para buscar otro calor... Poca gente en la calle. En la de su casa, la presntí sin compañía de sus hijos... Antes de tocar el timbre, me asaltó la duda. Yo iba dispuesto a todo, pero la imagen de mi mujer embarazada me sobresaltó como en reproche. La borré enseguida. El macho que llevo dentro no me perdonaría jamás si dejaba pasar la oportunidad que se me ofrecía tan abiertamente. .. Entonces, apreté el botón del timbre y repetí la presión tres veces, como si hubiéramos acordado una clave de reconocimiento. Hasta mis oídos, llegaba la melodía de una canción romántica. La música provenía de la casa. Oí también los pasos que avanzaban acompañados por el canturreo de la mujer que me atendería. Se abrió la puerta. Allí estaba... La miré de arriba abajo y de abajo arriba. Se había vestido prolija y atractiva. Su abrigo, de piel blanca de dudosa calidad, con unos pelos largos, me chocó un poco por la falta de buen gusto, pero admito que le quedaba bien. El perfume era casi un insulto a la prudencia. Percibí inmediatamente un nada sutil desplazamiento de mis íntimos miembros. Hola! Dos besos en la mejilla. Pasá. Te estaba esperando. Y me franqueó el acceso . .. Como lo había supuesto, los leños en el hogar, crepitaban entre llamas azulinas y rojizas. Había velas encendidas en algunos puntos del salón y la luz no era muy intensa. Busqué con la mirada dónde estaba la PC, para seguirle el juego... Pero ella, encendió un cigarrillo, me ofreció un whisky, y me invitó a sentarme en un sofá junto al al calor de la estufa... Y comenzó a desplegar sus estrategias de conquistas, y yo la dejé que liberara cuanto quisiera para sazonar el encuentro... No voy a entrar en detalles. El saco blanco sirvió de alfombra, le saqué las ganas, me saqué las mías... Repetimos el encuentro , esa misma noche también sobre el peludo saco blanco... Después, la mina, con algo de exceso por el alcohol, creo, empezó a llorar despacito y a hablarme nuevamente de sus mentados blasones que ha estas alturas menos me importaban. Yo quería irme. Nada más. Ya estaba satisfecho. Le anuncié que era el momento de mi partida. ( mientras pensaba qué mentiría en casa de mi mujer)... La besé apenas, y salí riéndome para mis adentros. Pobre abrigo, me dije...Va a tener que enviarlo a la tintorería...Afuera, el aire frío terminó con todo rastro de la pasión vivida. Y volví a compadecerme del abrigo que había quedado con los rastros de una noche de sexo anunciado y comprobado.

domingo, 1 de octubre de 2006

MAÑANA EN LA COSTANERA




(Imágenes e información sobre la ciudad de Esquina, Provincia de Corrientes, ArgentinaEn:http://www.e-portalsur.com.ar)

Desperté temprano, como lo había propuesto.
La mañana era aún un esbozo de luz y los pájaros ya comenzaban su concierto. Sobre las chapas de los techos, una palomas voluminosas taconean incansablemente.
La ciudad se entregaba a las últimos momentos de modorra.
Preparo unos mates, y pienso que hace cuatro semanas que no pruebo el cigarrillo, porque sí; porque lo decidí de pronto, una vez más. Hace tres que he comenzado mis caminatas matutinas, bien temprano...Ni la lluvia copiosa me ha hecho desistir del paseo. Disfruto de las calles en proceso que me llevan al puerto. Los ríos que se encuentran semejan un par de brazos abiertos en señal de bienvenida. El agua pasa inaudible y sin fatiga casi siempre. Al fondo, en el delta, el sol ya no se oculta. Es un iridiscente barrilete que se eleva lento, en el paño variopinto que resulta el cielo al paso de las horas. No me importa demasiado haber detenido el ritmo de los pasos. Es tan magnifica la imagen...
A lo lejos una canoa surca el agua, atraviesa el canal y se pierde en la garganta fluvial del Paraná.
El aire fresco, como a mí me gusta, mueve sin vehemencia los flequillos de las palmeras que flanquean la calle de la costanera.
Cuesta recomenzar la marcha. La visión es un regalo que reafirma la maravilla de esta tierra.