Dos caballeros sentados a cada lado de la cama. La mujer agoniza. Sabe que en ellos hay una reverencia especial. El de la izquierda le toma la mano transmitiéndole su calor. La aprieta fuerte, como aprieta sus labios y sus párpados.Su amor despertado en una pieza de hotel, su vestido de cristal anaranjado quitado con deseperación, el miedo en sus ojos, el no saber qué y cómo; la inocencia en esas pupilas grises apenas descubiertas entre negras pestañas, y en los labios inexpertos , suya suya suya suya suya. No le alcanzaron las manos, ni el acople perfecto, ni la respiración acompasada, ni el pequeño gesto de dolor, ni el sentirse dueño de su territorio que olía a jazmín y almizcle, ni su espuma derramada, ni el tiempo, ni el ruego posterior, ni las ausencias, ni el continuo silencio, ni el rechazo inexplicable.
El de la derecha le aferra tembloroso su otra mano, pálida, exangüe. Le recorre con suavidad la línea del brazo, se inclina hacia ella, le acerca su aliento,insuficiente. "Faltan horas, minutos", dijo el médico...La recuerda vestida de blanco,como lo quieren los ritos y las madres y las abuelas.Y en la noche cuando fue suya suya suya suya suya suya. Aprendió a quererla en su mutismo y en sus nanas inaudibles cuando hamacó a sus hijos.La quiso en esa imprecisa ausencia, en ese halo de sutilezas, de frágiles suspiros, La reverenció en ese callado pasar de los años, trajinando la casa con la levedad de un ángel.Le gustaba mirarla mientras despeinaba las torzadas de su cabellos, multiplicada su belleza frente al espejo . Ella tenía una sensualidad delineada en la sonrisa ,calentada en la lengua, escanciada en los ojos grises, en esos párpados oscuros marcados por viejas tristezas, en el pendular movimiento de los pechos, en la armónica cadera , en el ombligo profundo y pequeño, en sus largas piernas, en los pies de caminar sublime. Sabía acariciarlo y ofrecérsele con una entrega absoluta. Se amaban en largas noches, y en horas de luminosidad plena, con la misma intensidad.Fue envejeciendo a su lado. Una vejez recoleta y resignada en las horas de jardín.El ocaso le sentaba tan bien como los amaneceres y los mediodías.
Ambos hombres, pendientes de los ritmos del desenlace, abarcados por los recuerdos intensos, endulzados por el amor que le profesaban, tensaron al unísono la atención sobre la respiración que fue haciéndose menos audible, preanunciando el final. Ambos se estremecieron al percibir una suave presión en sus manos y la inmediata laxitud de la partida.
Se miraron con una mirada que hablaba y silenciaba. Avanzaron sus dedos hacia los ojos. Uno le cerró el izquierdo, el otro deslizó los párpados del derecho y quedaron agobiados por la pena: la misma pena.
Enfermeros médicos, un sacerdote,rompieron la intimidad del momento y más tarde los oficiantes de la muerte.
El día del entierro, encabezaron el desfile tomando con autoridad, los primeros puestos en el tiraje del féretro oloroso de caoba y plomo.Uno el derecho ; otro el izquierdo.
Una vez sepultada,el de la izquierda dejó un ramo de rosas rojas, junto a sus lágrimas. El de la derecha, una corona de rosas blancas y el estremecedor mutismo del llanto contenido.
Salieron los últimos. Uno tomó rumbo al portal Sur, otro el del portal Norte.
Los demás deudos no se sorprendieron cuando al mismo tiempo, dos estampidos de revólveres se mezclaron en los aires venidos desde los dos extremos cardinales.
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martes, 26 de junio de 2012
sábado, 5 de septiembre de 2009
Un rayo de luz dió justo en algo oscuro en el piso de su dormitorio. Lo descubrió justo cuando apoyaba su pie derecho en la baldosa fría al salir de la cama.
Con desconfianza y sin siquiera distinguir qué podía ser, subió instintivamente otra vez su pierna a la cama, se arrodilló en ella y gateando se acercó a los pies. Desde allí, agazapó su cuerpo y aguzó la mirada sobre ese trazo dudoso que la luz destacaba.La mancha, tenía una pequeña dimensión por sobre la superficie del suelo...
Tomó entonces la revista que había estado leyendo, la enrrolló hasta convertirla en un cilindro hueco - como quedan las revistas y los diarios cuando uno quiere utilizarlos para matar insectos - y la dirigió hacia "eso" que no reaccionó al contacto con el papel. Insistió. Empujó suavemente hacia adelante. Empujó suavemente hacia atrás. Y hacia la izquierda y un tanto hacia la derecha...Reiteró varias veces el procedimiento."Eso" se trasladaba milimétricamente hacia donde el impulso de la publicación la llevaba, pero nada más. Nada que respondiera vivazmente.
Entonces, decidió definitivamente bajarse de la cama, calzarse por precaución y aproximarse a "eso" que hasta ahora no reconocía pero que tenía la certeza de que no era una mancha.
La luz había crecido en luminosidad y dejaba más nítida la imagen que observaba.Estaba segura que no era un insecto, ni un resto desagradable de comida...
Doblóse un poco y estiró la mano. Estaba decidida a intentar levantarlo.Tenía ciertas asperezas y rugosidades. Ya suspendida y observada a trasluz, el "trazo" tenía unas tonalidades rojizas, violáceas, moradas... y pesaba tanto que tuvo que depositarla nuevamente en donde la encontró.
Pensó que lo del peso era una impresión momentánea causada por el miedo que pudo haber sentido.
Intentó nuevamente levantarlo y esta vez le resultó imposible.
De pronto, "eso" se llenó de iridiscencias que duraron segundos.Los destellos fueron tan brillantes que le impidieron ver qué sucedía en el preciso momento que se vio obligada a cerrar los párpados.
Cuando los abrió,se sintió leve, como sin carnes...volátil...La habitación se había convertido en un recinto extrañamente iluminado. Todo el espacio era un solo fulgor...
Ignoraba cuánto tiempo estuvo impregnándose de tal experiencia.
Cuando despertó esa mañana, lo hizo con una sonrisa, como si un ángel hubiera borrado todas sus heridas.
Con desconfianza y sin siquiera distinguir qué podía ser, subió instintivamente otra vez su pierna a la cama, se arrodilló en ella y gateando se acercó a los pies. Desde allí, agazapó su cuerpo y aguzó la mirada sobre ese trazo dudoso que la luz destacaba.La mancha, tenía una pequeña dimensión por sobre la superficie del suelo...
Tomó entonces la revista que había estado leyendo, la enrrolló hasta convertirla en un cilindro hueco - como quedan las revistas y los diarios cuando uno quiere utilizarlos para matar insectos - y la dirigió hacia "eso" que no reaccionó al contacto con el papel. Insistió. Empujó suavemente hacia adelante. Empujó suavemente hacia atrás. Y hacia la izquierda y un tanto hacia la derecha...Reiteró varias veces el procedimiento."Eso" se trasladaba milimétricamente hacia donde el impulso de la publicación la llevaba, pero nada más. Nada que respondiera vivazmente.
Entonces, decidió definitivamente bajarse de la cama, calzarse por precaución y aproximarse a "eso" que hasta ahora no reconocía pero que tenía la certeza de que no era una mancha.
La luz había crecido en luminosidad y dejaba más nítida la imagen que observaba.Estaba segura que no era un insecto, ni un resto desagradable de comida...
Doblóse un poco y estiró la mano. Estaba decidida a intentar levantarlo.Tenía ciertas asperezas y rugosidades. Ya suspendida y observada a trasluz, el "trazo" tenía unas tonalidades rojizas, violáceas, moradas... y pesaba tanto que tuvo que depositarla nuevamente en donde la encontró.
Pensó que lo del peso era una impresión momentánea causada por el miedo que pudo haber sentido.
Intentó nuevamente levantarlo y esta vez le resultó imposible.
De pronto, "eso" se llenó de iridiscencias que duraron segundos.Los destellos fueron tan brillantes que le impidieron ver qué sucedía en el preciso momento que se vio obligada a cerrar los párpados.
Cuando los abrió,se sintió leve, como sin carnes...volátil...La habitación se había convertido en un recinto extrañamente iluminado. Todo el espacio era un solo fulgor...
Ignoraba cuánto tiempo estuvo impregnándose de tal experiencia.
Cuando despertó esa mañana, lo hizo con una sonrisa, como si un ángel hubiera borrado todas sus heridas.
lunes, 3 de abril de 2006
Llueve.
Llueve con furia.
La lluvia manifiesta su viejo repertorio mientras parece inagotable el estruendo en el cielo.
...la elocuencia de la fuerza natural es superior a toda la nuestra.
Un refusilo y un rayo.El manto rasga su luto con un puñal ferozmente inmaculado.
En las ventanas cual débiles testigos, velas y candelas.
Llueve.
Llueve copiosamente.
El chasquido del agua se oye en el patio, en las paredes, en los tejados y en los techos de chapas.
Parecen tambores percutidos por millones de manos.
¿Qué milagro podrá traducir su mensaje sonoro, de lenguas transparentes, en el esplendor de su caída?.
Es un continuo magnetismo en el que una gota llama a otra ostentando su pluvial presencia.
Y caen ,y caen, infinitas, dispensando la limpieza fresca a una ciudad sumida en la oscuridad nocturna.
Lluvia, gota, chorro, agua, charco, arroyo, río, laguna, lago, mar, océano, vaso, riego, árbol, flor y fruto.
Conmueve su noble ciclo: Fiel a su destino, generosa, derrocha su ajuar de novia pura.
Perla.
Diamante que circula en nuestro porcentaje de tripas, huesos y agua.
Te pienso, mientras te caes desmelenada como una catarata.
Y al agotarse el cántaro de donde te volcabas, transitas solemne, en puntas de pie, chocando tenues cristales.
Se vuelve sencillo tu canto, que por algún resquicio se pierde en susurros hasta desaparecer. No estás más.
Llueve con furia.
La lluvia manifiesta su viejo repertorio mientras parece inagotable el estruendo en el cielo.
...la elocuencia de la fuerza natural es superior a toda la nuestra.
Un refusilo y un rayo.El manto rasga su luto con un puñal ferozmente inmaculado.
En las ventanas cual débiles testigos, velas y candelas.
Llueve.
Llueve copiosamente.
El chasquido del agua se oye en el patio, en las paredes, en los tejados y en los techos de chapas.
Parecen tambores percutidos por millones de manos.
¿Qué milagro podrá traducir su mensaje sonoro, de lenguas transparentes, en el esplendor de su caída?.
Es un continuo magnetismo en el que una gota llama a otra ostentando su pluvial presencia.
Y caen ,y caen, infinitas, dispensando la limpieza fresca a una ciudad sumida en la oscuridad nocturna.
Lluvia, gota, chorro, agua, charco, arroyo, río, laguna, lago, mar, océano, vaso, riego, árbol, flor y fruto.
Conmueve su noble ciclo: Fiel a su destino, generosa, derrocha su ajuar de novia pura.
Perla.
Diamante que circula en nuestro porcentaje de tripas, huesos y agua.
Te pienso, mientras te caes desmelenada como una catarata.
Y al agotarse el cántaro de donde te volcabas, transitas solemne, en puntas de pie, chocando tenues cristales.
Se vuelve sencillo tu canto, que por algún resquicio se pierde en susurros hasta desaparecer. No estás más.
El silencio desciende e impregna en las calles, los ásperos sones de la tierra mojada .
Bendita seas, agua esperada.
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