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jueves, 27 de diciembre de 2007

Los últimos días del año

Mi querido amigo Miguel me supuso ocupada. Verdad. Ocupadísima.
Terminado el año escolar, exámenes y responsabilidades de trabajo, tocó el turno a otros menesteres que hicieron mi ausencia: Viajar a Buenos Aires para la cirugía ocular (Ver el video que incluye la página linkeada) a mi hija.
Aún a sabiendas de que la operación tiene una porcentaje altísimo de éxito, la ansiedad nos mantuvo en vilo. Ahora, el láser hizo sus maravillas, y el mundo borroso en el que se movía cuando estaba sin sus lentillas, se volvió nitidez, precisión, luz.
¡Qué satisfacción verla leer las minúsculas letras del periódico, sin dificultades!...
Aprovechamos nuestra estadía para asistir a la despedida popular de Julio Bocca.Para mí, toda una aventura vivida con alegría. Un privilegio. Fui una de las trescientas mil personas que estuvo allí. (Pero yo estaba en la tercera fila! ¡Una hazaña!).
También nos hicimos tiempo para visitar a mi hermano y su familia, y a amigos que hacía mucho no abrazaba.
Casi perdimos el colectivo de regreso. La terminal de Retiro era un caos y se tardaba casi media hora para avanzar a lo largo de ocho dársenas. Los anuncios de salidas se cruzaron.Un celular, un buen oficinista de la empresa donde viajamos, un taxista solidario, hicieron que el 23 por la noche, estuviéramos de regreso.y el 24 ya estuviéramos nuevamente de viaje para celebrar la Navidad en casa de Sebastián (Mi hijo mayor) . Una de las navidades más bellas y pacíficas que disfrutamos.
De vuelta en casa, probando una convivencia amigable con mi ex marido, en una etapa reflexiva de ambos y que ojalá sea perdurable.
Preparándonos para despedir el 2007 e iniciar el 2008 0tra vez con toda la familia, en esta oportunidad, en casa de Cristian, en Corrientes, donde además celebraremos su ascenso en la empresa donde trabaja.
Y entre viaje y viaje, albañiles y pintores que no hacen la delicia de nadie, pero preparan la casa para una mejor estancia.
Luego, vacaciones....¡Vacaciones!



F E L I C I D A D E S Y P R O S P E R I D A D ! ! ! !

martes, 25 de abril de 2006

Has recorrido un largo camino, muchacha

Me pregunto:
Si aquel tiempo volviera a repetirse ahora, que mis 33 quedaron sepultados por 22 años de idas y vueltas. Desiciones e indecisiones... Todas en pos de solventar una vida. La mía que incluye la vida de mis amores, mis hijos...
Si aquel tiempo volviera a repetirse con sus dramáticas malignidades ¿De dónde sacaría la fuerzas para volver a plantar mis plantas sobre las aceras de este pequeño pueblo; para decir que nada sucede, que todo está bien?
La imagen que el espejo me devuelve no es la misma.
No la silueta. Ni el brillo de la mirada, ni el garbo, ni la insolencia medida y teatral...
He de mirarme más profundamente. Viajar por el interior de mi escencia, encontrarme en la adulta que ha madurado.En la que avisora para sí un fin menos lejano y que apura a vivir los días como si fuera el último, porque sabe que las horas desperdiciadas en el ayer, no pueden recuperarse.
También sabe que puede terminarse dignamente cada minuto si se lo dignifica con actos alejados de la frivolidad y la apariencia

domingo, 23 de abril de 2006

A mis 33 (I)

A mis 33
Exultante.
El mundo era mío.
Pisaba fuerte sobre las baldosas de veredas angostas, en el pequeño pueblo.
Todavía cargaba con la tonta histeriquita, que se enorgullecía de las miradas sobre sí.
Era toda apariencia y producción.
Mi verdadero mundo se desmoronaba. Yo lo sabía...
Quería, sin embargo, aparentar.
... ¡Todo está bien, loco!. Todo está bien!
Salía al ruedo pueblerino, con el mentón adelantado. Era la proa de una embarcación en medio de la tormenta.
Salía a caminar, con la espalda recta y la cabeza en equilibrio físico sobre el atlas óseo. Imaginariamente, cargaba el Diccionario de la Real Academia para caminar elegante como en mis épocas de pasarelas.
La ropa, de última moda, pero siempre con un detalle propio. Que me distinguiera.
Olía tan bien! (Era la época cuando todavía la gente común no sabía mucho de perfumes importados y yo portaba mi Arpege de Lanvin).
Me encontraban parecidos varios. A distintas estrellas del cine de los 50 (los más viejos), de los sesenta (los adoradores del cine italiano) los del 70 (los seguidores de Sylvester Stallone), y posteriormente ya no me encontraron parecidos actuales, sino que empezaron a referirse en pasado. Primero en un pretérito indefinido y ahora, en un pretérito preciso.
Cuando mi mundo se desmoronó, también se desmoronó mi apariencia de ganadora.
Actualmente, me reconstruyo, dejando ver las heridas, sin permitir la lástima por ellas.
Por esas heridas, que hoy me convierten en una persona con algo de sabiduría y con más experiencia.