jueves, 14 de junio de 2007

Uno siempre atraviesa pruebas:
Las que surgen propiamente de la vida cotidiana: una bisagra que ha desbastado la madera, el microondas que deja de funcionar, el servicio doméstico que falta justo el día que se está mas ocupado,Internet que se cae el día de un examen en e-learnming...Y el día se transforma en un caos
Las pruebas que te impone el "satblishment":
tolerar el paso del tiempo en las inmensas colas si requieres un servicio público, mientras los servidores se dedican a charlar con amigos, calles sin la higiene y mantenimiento diario, tránsito vehicular librado al capricho del conductor,remisses con tarifas caprichosas, caballeros que dejaron de serlo, latas de alimentos cubiertas de polvo en los mercados, heladeras que debieran preservar alimentos perecederos durante todo el día que fueron desenchufadas por la noche, medicina que funciona turno tarde porque por la mañana los médicos están trabajando en otro "conchabo" (algunos lo necesitan es cierto; y a ellos los libro de responsabilidad), Precios y sobreprecios...
Las que te impone el ámbito de trabajo: compromisos a medias, algunas incomprensiones, horarios absurdos, sanitarios ausentes, desprolijidades, intolerancias...
El caos de uno mismo: idas y vueltas del cigarrillo, noches de ojos abiertos, mentiras,verdades absolutas, amistades de siempre, amistades perdidas, conversiones, descreimientos, fe, esperanzas, fracasos, dolores, suturas, los que están, los que se fueron...
Siempre en prueba, siempre en prueba...
Y la felicidad por estar vivos para sortearlas.

sábado, 2 de junio de 2007

La palabra es de ustedes

Hola queridos amigos!:
Hace días que estoy de regreso. Coincide con el cierre de promedio escolar de modo que estoy literalmente tapada de papeles y atosigada por el tiempo.
No quiero que pase más tiempo sin ponerme a platicar con Ustedes.
Gracias por los buenos deseos que me han alcanzado.Estuve haciendo algunos chequeos de rutina que me debía.Salvo algunos ajustes que debo hacer todo está bien...
Y como esos ajustes tienen que ver con los de la edad...(Ojo que no estoy ni ahí por sacarme años ni hacerme una "refrescadita"), recordé una tira de el genial QUINO, que comparto con ustedes, para que las reflexiones vengan de su parte.
Gracias,nuevamente, amigos!

martes, 22 de mayo de 2007

Mi ausencia


Hola Amigos:
estarè unos dìas ausente.(Familia y control de salud) Los voy a extrañar.
A mi regreso estarè con todos ustedes.Un abrazo.
:)

domingo, 13 de mayo de 2007

Yo soy de aquellos,
que deambularon
ignorantes
de estas realidades:
ladrones de sueños,
tenazas de barro,
demonios encendidos,
asesinos sueltos
con grado y jinetas
bastardeando cántaros.

Grité en mis país,
los goles mundiales,
fervorosos y enormes...
Sin querer,
por un tiempo,
los gritos de todos
los ciegos
de mi latitud,
taparon el llanto,
y al funesto motor
en el cielo,
desde donde caían,
muertos de espanto,
los soñadores
de un mundo mejor.

...Y aunque así no lo fuera
igual fue terrible
lo que sucedió...

Yo tengo la deuda
de aquella ceguera,
de aquella sordera,
de aquella mudez...

Yo tengo la deuda
que sólo se paga
pidiendo justicia,
pidiendo respuestas,
exigiendo verdad.

La pesadilla descorre
su manto funesto.
Encuentro el momento
de decir a los vientos
NUNCA MÁS...

Pero quién devuelve
el aliento
de aquellos que
¿han muerto?
¿Quién vuelve
a ocupar su lugar?

El pueblo que sabe
enarbole sus rostros
por un NUNCA MÁS.

lunes, 7 de mayo de 2007

El Tío Obdulio

La lluvia se ha desmadrado desde el cielo. Buscan refugios los gorriones y las gentes.
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Un metrónomo suena constantemente. Es, por supuesto, monótonamente rítmico.
Su compás musical perfecto, tiene un son extraño; y desde la sala de música no se oye otra cosa.
Ni el arpa con su dulzura, ni el nostálgico violín. Tampoco el pianista, tocando a Chopin...
Sin embargo, el tiqui, taca; tiqui, taca, continuaba sin pausa...
Presté atención: nada más que la isotonía metronómica:...Tiqui, taca: tiqui; taca...
Me levanté para averiguar qué había pasado allí dentro.
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¿Y el músico? (Que en realidad era mi tío Obdulio)... ¿Que gastadas horas estaba derrochando? ; ¿Habrá sufrido un ataque de apoplejía?, ¿El arco del violín lo habrá atravesado con su doloroso llanto?, ¿El arpa lo sedujo tanto que a las cuerdas sucumbió amarrado?, ¿o el piano con su inmensa boca lo habrá tragado?

Mi mente imaginaba monstruosidades que me hacían reír de mis mismas locuras..

El tío era ya muy viejo y solía, a falta de interlocutores, dialogar diariamente sólo con sus instrumentos.
En sus largas horas de práctica musical, luego del desayuno parsimonioso,la pasión lo consumía... "Es que tengo tres amantes exigentes y a todas les debo mis horas de caricias", decía el tío Obdulio cada vez con más tono de certeza que de broma... (yo pensaba que mi tío se estaba volviendo un viejo reblandecido porque él no era de andar con picardías y nunca se le conoció pasión alguna por una mujer ).
Pensándolo bien: tío dijo "amantes" y hay dos masculinos en su lista... ¿No será el tío bisex...? (No! No, No, No! Qué mal pensada soy!). Y mientras me recriminaba por mis malos pensamientos admiré la capacidad de Tío Obdulio para obtener las vibraciones más altas, las graves gravísimas.... El potencial encerrado en cada uno de ellos, liberados por el arte magistral del ejecutante.
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Apenas mis ojos alcanzaron el hueco de la ventana, vi el banquillo del piano vacío y la tapa del instrumento cerrada...
Tío la había bajado sin fijarse que la manga de la camisa sobresalía de la cerradura del negro aparato.
_ Protesté: ¡Esa maldita costumbre de sacarse la camisa (en verano por supuesto) y limpiar las teclas con ella!
Miré hacia el rincón donde, tal como lo dice Bécquer debía estar el arpa. En ella, el pantalón del tío músico lucía entrelazado entre las cuerdas (¡Esto es el colmo! Ahora, hasta el pantalón para lustrar las broncíneas cuerdas!)

Sin olvidar el motivo por el que me había acercado al templode la música, me dirigí hacia donde estaba el metrónomo.
Cada vez más nítido su tiqui, taca. ..
Mi sorpresa y curiosidad fue mayor cuando vi el péndulo del aparatito en absoluta quietud.

El tiqui, taca seguía oyéndose clarísimo.
Desde el punto donde me hallaba, pude registrar mejor su procedencia: giré la cabeza para averiguar qué rareza estaba ocurriendo: y alcancé a ver cómo un gorrión - que seguramente había entrado para refugiarse del aguacero -, picaba sobre la bandeja de metal, donde quedaron restos de pan del desayuno.
Para no asustar a la avecilla reprimí la risa. Me acerqué en puntas de pie, la tomé entre mis manos y me dispuse devolverla a donde había venido.

Había cesado de llover. De manera que, decidí expulsar al pequeño pájaro sin remordimiento, flanqueando la larga mesa vestida con un largo mantel. Después iría a ver si tío necesitaba algo. Tropecé con algo y caí tontamente de bruces, dejando que escapara el gorrión. Al darme vuelta para impulsarme, vi al tío que yacía debajo de la mesa. Pensé que otra vez se había pasado con su licor preferido, excusa de calentamiento en el invierno, y en verano apurador del sueño.

Una vez más, como tantas, tendría que arrastrarlo hasta a habitación.(este hombrecito me está dando demasiados problemas)
El cariño pudo más que mis protestas.Alcé el mantel para doblarla sobre la mesa y abrir el campo de acción.Ya tenía bastante práctica: le tiraría de la mano que asomaba hasta que su torso aparezca fuera de dificultades.
Tiré con delicadeza pero vigorosamente. A segundos, el cuerpo desnudo del hombre apareció blanco y exangüe. Mis horrorizados ojos vieron claramente cómo, el arco del violín le atravesaba el pecho.

martes, 1 de mayo de 2007

APRENDIZAJE


Esta última vez, vio tan torba su mirada, tan de astucia traicionera, quese le erizaron los pelos.

Vio dentro de aquellos ojos un secreto deseo de venganza.Un brillo escabroso de infierno.El mismo que había visto una vez lejana, cuando se encontró frente a otra bestia similar: dispuesta al zarpazo. Buscando sangre hasta destruir a la víctima.Esa intolerancia irreprimible por descubrir superioridades por encima de las propias. Envidia, que le dicen...

El cerebro elemental de quién era el otro en la contienda le rogaba:"precaución"...

La piel se le humedeció de golpe.Un derrame inusual de adrenalina despachó latidos enloquecidos. Parecía írsele a escapar el corazón.

Algo se quebró en su interior con ruidos de cristales.

Gimió mentalmente, mientras cerró las puertas en sus narices, para siempre.