domingo, 3 de septiembre de 2006

ALELUYA!!!!!!!!!!!!!






imagen: "El hijo pródigo"
Murillo










Ya ven, amigos: ¡He recuperado mi blog!
Haciendo honor a su nombre "siempre en prueba". Y salí airosa.
Claro que cuando estaba haciendo los "trámites por mi propia cuenta, temí perderlo del todo. Pero aquí está. Ya lo ven.
Estoy felicísima.
06.35 a.m Aún no me he acostado. Valió la pena.
Admito que mucho de ustedes me mandaron sugerencias... Una luz en el camino.
GRACIAS. Los espero a todos nuevamente por aquí, aunque también verifiquen a mi "palabras desde mí" pues allí también escribiré.
Trataré de ir dándole personalidad a cada uno.

sábado, 26 de agosto de 2006

Poema carente de poesía

Cautiva de la historia repetida con la desorientación cavernaria pretendo resolver los enigmas de crípticos signos y sonidos. Hubo un día feliz cuando la luz habitó la cueva y me invitó la circunferencia de una rueda a recorrer caminos ignorados.Inicié entonces, la época bárbara:
Adueñarme las distancias.
Mis misterios superados
buscaron otros misterios.
Seguí interrogando en códices
celosamente guardados en la Alejandría
que ya presiento desvastada. Es que yo misma soy lobo estepario.
Más conocimiento poseo, más deseo Descubro el poder de la palabra y la escritura. En un gesto de locura las comparto con aquellos que por siglos doblaron su testa a la voluntad del hado y sus designios Sin intuirlo
entregué el arma poderosa y la plebe las convirtió en libertarias. Cayeron reinos y monarcas y luego las máquinas junto a la vil moneda producida cambió versos por quimeras áureas que por cierto fundaron nuevos reinos. Por poseerlo todo - hasta la verdad menos verdadera -el genio matemático convirtió su credo en guerra
..Hiroshima es una llaga de vergüenza que nos sume a todos en el lodo... En el intento por recuperar el verbo del judío en el Gólgota crucificado se nos aleja sin resurrección posible. Después, la luna, despojada de su esencia comenzó su llanto interminable en nombre de todos los poetas.
Acompañó a la tierra en su gemido adolorado ay! Sus entrañas destruidas por ávidos habitantes de ella misma. Parió la mente humana la globalizada comunicación abriendo arterias insospechadas mucho de lo bueno y más corrupción. Mi delirio de paz se recluye en una nueva cueva llena de confort.Desde aquí vuelvo al principio.
¡Una vez aprendida la lección?

martes, 22 de agosto de 2006

EL PININ


CANTO AL PININ
Este torturado viajero antiguo
ha encallado su custodia verde?:
Entre juncos y totoras,
 sumergido,
un pequeño lago, ha florecido .

Quejumbroso maderamen encinto
balancea su herbario flotante.
Entretanto,
crece en su vientre una pecera
para habitar el barco sin banderas

Diminuto puerto desvencijado;
tierno amarradero de camalotes;
escondrijo de musgos; vívido islote:
aún espero que alguien te reflote.

Mientras tu destino de poeta fluvial
mece leves letanías de ranas,
anónimas legiones de algas
descansan
en la metáfora de tu proa vana.

Sobre tu tibia memoria,
inaugurando pájaros y caracolas
Cual nido gigante, lírica corola,
tu pena se agiganta
y me ahoga.

Corroe tu frente cruel diseño.

Estela anclada crucifica el sueño
del caballero andante de los ríos
ahora, raíz equivocada
dolor mío

Si por ese ojo dormido, la noche
repite tu nombre en son de reproche:
¡Cruje corazón de vasija errante
conociendo tu destino vacilante!

Déjame decirte, oh, mayúscula de cuento
Cómo dueles, despanzurrado cuenco
al timonel, al capitán, verte varado
hambriento de aventuras,
cántaro muerto
carcomida catedral
- Pinín -
pequeño huerto.                                                              


                                                                          Esquina, Corrientes. Febrero de1992

sábado, 19 de agosto de 2006

A Irenemorocha y a Tano donde quiera que esté

Irenemorocha, cansada de sus trasnochadas intelectuales, aborreciendo cada vez más el tediode las obligaciones, sacó las últimas monedasahorradas, para comprar los pasajes y viajar durante sus vacaciones de invierno. Por fin estaría acompañada con sus queridos padres y sus numerosos hermanos .
Al dinero que había ahorrado para algunas extras en tiempo de relaje, prefirió invertirlo en la veterinaria para que le recetara algún somnífero liviano para Tano, su gato marca cualquier cosa.
Su cerebro maquinó mil maneras para que Tanito pudiera estar a su lado sin que lo percibiera nadie.
El esfuerzo fue exitoso.EL viaje se hizo sin sobresaltos.
Descendió del vehículo en la estación de llegada, apuró los trámites de equipaje y antes de los abrazos familiar de bienvenida, liberó a su felino del bolsillo mediano que había emparchado a la ligera en el interior de su abrigo.
Asomó el rollito tierno y peludo (no era Platero) durmiendo su quinto sueño, borracho de droga relajante.
Con temor, Irene, la morocha, pasó en vela el resto de la noche dudando si su mascota dormía o estaba a punto de colapsar.
Cuando el minino abrió con pereza sus glaucos ojos, la muchacha sonrió con su bocaza sensual y se llenó de ternura verlo tambalear sobre sus cuatro patas como si hubiera metido en un barril de vino.
Sintió aliviadas sus dudas funestas, y respiró con satisfacción el aire litoraleño mientras reprimía el sapukay que quedó a medias en su garganta antes de alarmar a todos en la casa.
Fué a, y vino, de todas partes con el gatuno. Se enorgullecía al mostrárselos a sus amigos de tal manera, que comenzaron a mirarla de reojo y con desconfianza.
No le importaba. Tano era su bebé, su abrigo, su dolor de cabeza, su abrigo, su interlocutor. ..

Día de regreso: Búsqueda infructuosa. Tano no aparecía. Tano no apareció...
Con una tristeza larga hasta más allá del horizonte, la joven dejó su pueblo, para regresar a la capital donde volvería a sumergirse en los estudios.
Lloró durante todo el tiempo que duró su viaje. Lloró en el andén de Estación Retiro. Lloró dentro del taxi, Lloró y gimió mientras trabajosamente trataba de abrir la puerta de ingreso a su departemento. Llorando, tiró sus bolsos en cualquier lado, y dio rienda suelta a todo el volumen de su llanto.

... Hace una semana que llora. Inundó su blog con su mar de lágrimas. Estaba llorando cuando entré a él y me enteré de la desgracia.
El llanto de Irene superaba el ciberespacio.De mi computadora comenzó a manar un hilo de agua, que fue aumentando hasta convertir la habitación en un lago.
Como siempre, mi analfabetismo informático no pudo parar el caudal que continuaba saliendo ya como cataratas a pesar de intentar todo los clicks imaginados.
Sentí como mi escritorio y mi silla, conmigo sentada, comenzaron a navegar al mismo ritmo.
El miedo me inutilizaba,pero no hacía más que seguir junto con el escritorio, el rumbo del agua que ya ya en la sala, había decidido girar en remolinos. YA el lago en la sala había llegado a tener más de dos metros y medio de profundidad. En la superficie,nadábamos la silla, el escritotio, la computadora...Me monté sobre la tapa del escritorio,tomé dos aspas del ventilador de techo al que alcancé sin dificultad, y usándolos como remos comencé a batirlos dentro y fuera del vértigo.
Nunca había remado, de manera que no guardaba esperanza alguna de salir de la situación... Sin embargo, mi improvisada nave al aire libre y sin timón zafó del torbellino, y salió rauda hacia el noroeste, dentro de la casa, rumbo al pasillo de ingreso, ahora improvisado canal.
El agua ya casi sobrepasaba la altura de la banderola de la antigua puerta cancel. Hube de agacharme para no romper la preciosa lámpara de opalina que lo iluminaba. A punto de chocar con la puerta de ingreso, alguien la abrió impulsando a la corriente a ganar la calle.
Ahora, la fuerza del agua disminuirá al llegar al exterior, me dije feliz, mirando hacia el cielo para agradecer a Dios.
Al abrirlos,la fuerza del agua corría ahora por la calle, llevándome consigo.. Por encima de los árboles segúia mi paseo, ya no solitario porque todo cuanto encontró a su paso lo fue arrastrando , flotando como papeles indefensos:
El Mercedes Benz de mi vecino, con él adentro; la mucama de la otra cuadra que continuaba impávida blandiendo su escoba como si barriera su vereda; los cajones de frutas y verduras del negocio de la esquina; los chicos en bicicleta que frenéticamente pedaleaban para llegar a la escuela; el carnicero con una ristra de chorizos en la mano y un cuchillo en la otra, aterrorizado por el espectáculo; las ancianitas del Centro de jubilados que habían ido a que las atienda la pedicura... Todos, en una parafernalia de película.
El agua siguió creciendo y tomó el rumbo hacia el caudaloso río mesopotámico, coleccionando cuanto objeto, animal o persona se cruzara en su andar.
Siguiendo su intinto acuático, desembocó en el río que enfureció por la intromisión y comenzó a agitarse presentando batalla.
Nada podíamos hacer.
Como en el juego del antón Pirulero, cada uno atendía su juego.
Yo pédía SOS por mail, pero todos creían que eran una broma y me contestaban estupideces, una peor que otra.
Los escolares seguían pedaleando, el carcnicero trataba de hacer coincidir cuchillo con chorizo mientras, su cliente se había sentado en el mostradoe fumando tranquilamente su cigarro.
La mucama, había apoyado la escoba en su cuerpo, y se hurgaba la nariz con gran interés.
El vecino del Mercedes, había abierto su lap y escribía algo en ella, compartiéndolo con su acompañante.
A nadie parecía interesarle ni preocuparle demasiado la situación.
Yo gritaba desaforadamente para que caigan en la cuenta que nos íbamos sin destino fijo... Al divisarme, me saludaban alegremente levantando su mano y haciendo visera con la otra pues el sol ya era escandalosamente brillante.
Sorteamos meandros, deltas, islas, ciudades, alcanzamos a ver algo que emergía como la punta del obelisco de la Plaza de Mayo, atravesamos un mar barroso y bravío, que supuse el Rio de la Plata y fuimos a dar en la inmensidad universal del océano.
El mar continuó arrastrándonos sin la conciencia de naúfragos días y noches. La única desesperada era yo, al parecer,hasta que llegamos a un puerto con olor penetrante a pescados y mariscos.
Los pescadores detuvieron su trabajo para mirarnos asombrados, pero nadie nos preguntó nada. Aterrizamos sin sentirnos arrojados por el agua. Más bien tuvimos la sensación de que nos depositó con inmenso cuidado.
Comenzamos a movernos como si conociéramos el lugar, con movimientos plásticos, y lentos... Gacelas extrañas en un lugar distinto.
Caminé sin rumbo aparente. Crucé una hermosa ciudad, vivaz y alegre, donde sus gentes hablaban el español con un dejo de gitano, y los numerosos coño!, joer!, oye tú, pringao!, me anoticiaron que estaba en España.
Escalé unas montañas y ya no sentada a la silla de mi escritorio, sino con él a cuestas y mi compu en un bolsillo, elegí la estrecha ruta cuyo cartel decía : a Colmenarejo, 70 Km.
No sentía cansancio. Mi cuerpo tenía la levedad de una pluma y yo la fuerza de un ejército de hormigas.
Sin preguntar, fui eligiendo la ruta, hasta que llegué a un coqueto barrio residencial.
Otra vez la gente me miraba como me miraron los marineros del puerto...
Abrí la puerta de la casa como si ya la conociera, atravesé la planta baja hasta encontrar la escalera, apoyé mi silla, mi escritortio aún chorreante. Dentro de uno de los cajones entrabiertos alcancé a ver las facturas de la luz, el servicio de Internet, las de Telecom, las de cable televisivo, con sus respectivas fechas de vencimiento y vacíos los casilleros de las cifras adeudadas.
Coloqué la computadora completa sobre la tapa superior del mueble, la sequé con el camisón mojado, me pasé una mano por el cabello, alisé un poco la ropa y comencé mi camino cuesta arriba hacia el primer piso.
Las chinelas producían un chasquido resoplando chorritos de barro y formaron un evidente rastro como el que Hansel y Gretel pretendieron hacer con sus migas de pan.
La escalera terminaba en una hermosa e íntima recepción. A su izquierda, una puerta entreabierta colaba la voz grave de alguien que entonaba una canción romántica. Me llegaba al oído impresionándome tanto como al olfato el olor a azahares que provenía del lugar.
En el trayecto, mi ropaje se había secado. Dejé mis pantuflas al lado de la puerta, y la abrí más para ver quién era la dueña de la voz.
Una inmensa cama con altos barrotes de donde colgaban paños de tela etérea, presidía la escenografia
de la habitación.
Avancé en puntillas. Cuando pasé por frente de un espejo de generosas dimensiones, alcancé a verme de cuerpo entero. (No recuerdo en qué momento me había acicalado como cuando uno se prepara para una gran fiesta: con los mejores detalles. )
Ya casi a un metro de la cama, percibí con claridad la silueta de la cantante tras los visos del dosel.
El pulso palpitó con dulces golpes.
Me detuve cuando la mujer dejo de canturrear. Ella extendió su brazo hacia el lugar donde yo estaba de pie...
Corrió las tenues cortinas. Nos quedamos observánodnos durante unos segundos de tal silencio profundo que hasta se lo podía oír.Y después, con una sonrisa juguetona y ese brillo en la mirada extendió sus brazos sujetando un gato pequeño diciéndome: te estábamos esperando.
Ya con el gato recobrado no me preocupé por saber si quién lo devolvió fue un hada o una bruja.
FIN
PD.: Irene, lo siento el cansancio me llegó después y fue tan grande, que no tuve fuerzas para soportar el peso de tu minino.
Me podrías explicarme qué hacen mi computadora, mi escritorio, y mi silla prolijamente dispuestos en el mismo lugaar de siempre?

jueves, 17 de agosto de 2006

DE NIÑA



Era llegar a casa de la abuela y comenzar las estrategias para escabullirme hasta los cajones traídos desde Europa, Con olor a naftalina ganado a la lavanda. Y jugar que yo misma era una dama viviendo en en palacio con escudo al frente, torre arriba y enormes jardines rodeando. El sombrero pequeño con el velo de tul y motas, los guantes que me quedaban más largos que a su dueña, la estola gris de piel avejentada con la cabeza del zorro presta a morder con su boca el otro extremo y abrigarme...Y los adornos de azabache que colgaba desde el cuello, cruzaba por el pecho, luego era un cinto con su lluvia luctuosa hasta el ruedo. Por cada prenda que probaba, por cada afeite, daba una pequeña escapada delante de la gran luna del espejo, y en puntillas de pie para vigilar si la tertulia de los mayores continuaba... Volver, y ponerme como en el proceso de mayor cuidado y deferencia, los zapatos de gamuza con esos tacos altos y finitos y la pulsera circundando los tobillos. Las pulseras, los anillos, la cartera... Frente al toillete jugar con los polvos de la abuela y ese perfume frescoque... ... Si todavía no me lo puse,! Oh , es la abuela que ha entrado, me mira, me sonríe y una lágrima tiembla en cada uno de sus ojos claros

martes, 15 de agosto de 2006

Una historia como tantas

UN DÍA
Comienza el día, y con la extrañeza con que observamos a un desconocido que insiste en buscarnos la mirada, me veo en el espejo, y pienso en que ésa no soy yo.
Demoro la vista sobre la superficie de azogue, pero no logro reconocerme. Permanezco inmóvil frente a esa otredad... implacable, devolviéndome ojeras de repetidos insomnios y llanto acallados sobre la almohada.
Piel sin luz, amargos sueños juveniles muertos. La boca, un trazo inexpresivo.
Continúo perpleja hasta que el bullir del agua hirviente, sobre la hornalla cercana, se anuncia con el silbido metálico de la pava.
Me resisto a abandonar el tocador presa del maligno hechizo...
Huelo la leche que se derrama sobre el fuego al lado de la chillona pava; me conmuevo un instante, pero persisto en mantenerme inmóvil, escrutando la extraña reproducción de mi rostro.
Una voz imperiosa reclama el lugar para su dueño, mientras el puño demasiado susceptible golpea impertinente. Dejo el cautiverio del cristal. Vuelvo en mí, dormida autómata inexpresiva. Obligo a mi continente salir. El esfuerzo me resulta descomunal.
Percibo corpóreo y trajinado al desayuno, como si resistiese mi despertar. El líquido lechoso y caliente desciende hacia las tripas con dificultad. Un trozo de pan fresco golpea el interior de mi estómago con la pesadez de una roca que no cesa de perturbar en la mañana.
Con la sensación de estar ahogándome en un río turbulento, oigo sonidos pastosos, lejanos; tan conocidos como indescifrables.
Un impensado vértigo me estremece recorriendo la columna vertebral. Serpentea ascendiendo sibilino, devorándome los nervios. Lo creo culpable de este sopor de siesta veraniega en pleno invierno. El aturdimiento continuo me tiene sin Norte.
Percibo mi miedo: tiemblan las manos. Me miento y me busco argumentos convincentes: "tengo los brazos mal apoyados"... Intento recuperar el ritmo normal del pulso implorándole a mis pulmones el último esfuerzo: inhalo; el aire se desliza débil. Intento nuevamente. Sé que no son los pulmones los que no responden; la opresión es más íntima e insondable.
La silla en donde estoy sentada se hunde en el suelo de baldosas y mi cuerpo la acompaña sin poder despegarme del asiento. Quiero huir, pero como sucede en los sueños, las piernas no obedecen las órdenes neuronales.
Siento pánico... Un rumor de pasos y la fragancia penetrante que avanza, hacen que reconozca quién se acerca.
Él viene, está cerca.
Tiemblo. Tirito con una ininteligible conmoción. Él ya ha ingresado al comedor, y en su soberbia, no me registra. Narciso cree que está sólo y el mundo es para él.
Lloro con ausencia de gemidos. Sin poder disimularlo, empapo una servilleta de papel. La sedición instintiva por sobrevivir es ahora, como un rayo, potente impulso. Me separo de la silla y huyo, a pesar de la blandura de mis piernas y los indecisos pies.
Me refugio en mi cuarto. Una cama inmensa – la que fue nuestra – apenas acusa desorden.
Me siento ajena al lugar. Paso largos minutos de pie, con la sensación de no existir. Pasa el tiempo con su modorra cruel.
¿Lejos?, suena el teléfono. Conscientemente demoro en responder.
El pertinaz repiqueteo me exaspera. Crispo las manos al tomar el tubo. Desganada pregunto sospechando la respuesta:
_ ¿Quién es?
_ Del Colegio, señora. La Rectora pregunta si vendrá a dar sus clases.
_ Pero, ¿qué hora es?
_ Las 14,30. Ya ha pasado media hora...
_ Ya voy!... Ya voy! ... Gracias...
No recuerdo si me peiné, si cepillé los dientes... Sé que no me bañé ni planché la ropa; también estoy al tanto de la falta de maquillaje.
No peco de ignorancia: no corregí los trabajos de mis alumnos y es posible que los libros que llevo no sean los adecuados.
Salgo en razonable disparada.
La calle me advierte de la incipiente primavera. Los lapachos exultan su rosado distintivo. El cielo es un pacífico azul. Puertas afuera, me repongo.
Ya en el colegio, la rutina marcada entre timbre y timbre me devuelve a la vida con un caudal de adrenalina. Ajusto el ritmo propio al de la vida, reconociéndome y siendo reconocida. Allí cargo mis alforjas con el cariño que me toca.
Mi Rectora, cómplice, no se ha querido dar cuenta de la tardanza. Mis colegas me contienen con ánimo. Mis alumnos me azuzan en el aula.
Soy. Existo. Estoy viva, a pesar de los moretones en el alma... ("Carga tu cruz, y sigue tu camino"... , tiene sentido ahora.)
Me sorprende el timbre del regreso, y sobre mí se monta una lobreguez de cementerio mientras emprendo el regreso a casa. Ingreso a ella e instantáneamente recuerdo – como si lo hubiera estudiado de memoria – tan claro como si los estuviera leyendo, los versos que escribió Gustavo García Saraví en su poema El Pasado,VI
"Existe un sitio misterioso, al lado/ del recuerdo, cartas olvidadas, / las garúas, las rosas desolladas/ "responde "a este título: pasado, depósito de búcaros, hollado / serafín, urna de las campanadas. / Los "sucesivos hoy, / estas espadas / con filo, contrafilo y punta, el hado / incognoscible de mañana, suertes / "también bastante iguales a las muertes / de las tardes, no inciden en aquella eternidad, / aquella vida "oscura/ y resguardada, aquella larga huella / de la pasión, falseada sepultura."
Y me pregunto: ¿Por qué?, ¿Por qué?
Busco necesariamente mis somníferos. Apuro el vaso; vestida, me acuesto acurrucada a la orilla de la cama.
Rezo sin orden; reiteradas oraciones repetidas y en retazos. La somnolencia me anuncia que esta noche dormiré algo... " Ángel de la Guarda, dulce compañía..." Me "encaracolo": embrión doliente que piensa en mamá, que viene y la acaricia... Es la mamá jovial y llena de ternura. Me besa. Me sostiene entre sus brazos acunándome. Me vuelve a besar, y su calor me entibia como el chocolate de los días fríos.................
Entre sueños oigo a papi. Ha venido a cumplir su rito de mimos" vela la luz de la mesita, sobre ella deja mi golosina preferida, me observa enternecido, acomoda las sábanas y también me besa deseándome buenos sueños.
Mañana...mañana será otro día...